Tijuana, BC. En octubre del 2016, la llegada a esta ciudad de 12,000 personas originarias de Haití y países de África, con el propósito de pedir refugio en Estados Unidos, causó una crisis humanitaria.

Un año y medio después, cientos de ellos no pudieron cruzar por las medidas migratorias del presidente estadounidense Donald Trump, y viven, trabajan y estudian aquí.

Es el caso de Francis, de origen africano. Llegó a Tijuana en el 2016 en la caravana de más de 3,000 personas africanas que iniciaron el viaje en Brasil, y tardaron tres meses en llegar a México.

“Salimos de Brasil, de Porto Alegre, subí al avión hasta Río Blanco en frontera con Perú; luego en bus a Ecuador, y de ahí a Colombia caminando siete horas; Panamá. Luego en barco a Costa Rica; Nicaragua, Haití, Guatemala, y Tapachula, Chiapas”, narró.

Entrevistado en el centro de esta ciudad, acompañado de amigos suyos también migrantes, Francis aseguró que llegó a México con la idea de recibir refugio en EU, aunque hoy ya vive en Tijuana; se acostumbró a comer tortillas, y hasta le gustan los chilaquiles.

“Pensamos que allá (en EU) hay oportunidades, (pero) aquí también hay, por eso nos quedamos aquí. Y da gusto. Fue un poquito difícil; nosotros no salimos para vivir en México, la verdad, salimos para entrar a Estados Unidos, cuando sabemos que Donald Trump no quiere que nosotros entremos, fue difícil también para aprender el español”, comentó.

Francis ingresó papeles en el 2016 y el 2017 para recibir refugio en EU, pero sigue esperando respuesta. Algunos amigos suyos, unos siete, sí lograron ser recibidos.

“Ya metí los papeles, mas todavía no hay una solución. Me quiero quedar aquí a estudiar, porque ya sé español. Sí quiero cruzar, como legal, con mi visa, no como migrante. Yo trabajo como cajero en la gasolinera de la Calle 11 (de Tijuana). Aquí en Tijuana es una ciudad muy noble, hay muchas culturas, todo está bien, pero hay algunos racistas, mas no es todo, la mayoría es buena gente, de buen corazón”, refiere.

Francis manda un mensaje a las autoridades migratorias de nuestro país: “Quiero que el gobierno me dé oportunidades, porque quiero trabajar, inmigración pide mucho dinero, como 5,000 pesos para dar un permiso por un año, es mucho dinero; yo quiero tener mi CURP”, comentó.

En Tijuana ya es común ver haitianos y africanos en todos los oficios. En la glorieta a Cuauhtémoc se observa a José, de 28 años, ofreciendo carpetas entre los automovilistas. Cuando se le aborda, prefiere no ser grabado ni fotografiado.

Llegó hace un año, y dice que ya no quiere entrar a EU, porque en Tijuana también le surgió un sueño, que es emprender un negocio (una tortillería), para sobrevivir con su esposa, quien tiene cinco meses de embarazo, y el bebé nacerá aquí, será mexicano con sangre haitiana.