El caso de los trabajadores atrapados una mina en Muzquiz, Coahuila escalará a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) ya que una de las víctimas forma parte, a su vez, de una de las familias afectadas en la explosión de Pasta de Conchos, indicó la activista Cristina Auerbach.

Hasta ayer 6 de junio, sumaban cuatro los cuerpos de los mineros rescatados en la mina de carbón en dicho estado; se trata de Mauricio Cortés, Pedro Ramírez -quien había denunciado las malas condiciones de la mina-, Humberto Rodríguez; ésta última víctima es parte de una de las familias de Pasta de Conchos y de Gonzalo Cruz.

“Sacaron a otro muchacho que es familiar también de familia de Pasta de Conchos. O sea 15 años después la familia vuelve a vivir el mismo suplicio, es increíble lo que ha pasado”, dijo Auerbach quien ha acompañado a las víctimas de Pasta de Conchos en su búsqueda de justicia.

Auerbach añadió que se van a realizar reuniones esta semana y se “dará vista a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos porque hay familiares de Pasta de Conchos afectados y porque esto significa que no se toman las medidas de no repetición ni de justicia (...) por lo pronto sé de uno (familiar de Pasta de Conchos) pero creo que hay más”.            

En total fueron siete los mineros los que quedaron atrapados el pasado viernes, después de que se derramara una represa cercana a la mina, lo que provocó que las cuevas se inundaran y con ello los trabajadores quedaran atrapados.

Malas condiciones

Pedro Ramírez, precisó la activista, fue quien hace dos semanas se comunicó con ella para solicitarle el apoyo para contactar al presidente Andrés Manuel López Obrador las malas condiciones en las que laboraban los mineros.

Es oportuno mencionar que Manuel Bartlett, director de la Comisión Federal de Electricidad, fue avisado en octubre pasado, mediante una carta, de las condiciones de los trabajadores de la mina Micará.

En la misiva se detalló que los trabajadores que extraen el carbón no cuentan con agua potable, algunos laboraban en tenis, sin equipo de seguridad; no existía una consola para medir el gas, ni botiquín, extinguidores, ventilación.

El sábado pasado, indicó Auerbach, uno de los trabajadores le informó que varias de las cuevas de la mina llevaban ya meses inundadas y pese a ello se mantenían las labores a su interior.

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