Esta semana ha sido trascendental para Tabasco y Campeche. Fue firmada la declaratoria de la Zona Económica Especial que comprende a ambos estados, y de verdad estoy muy emocionada por el arranque del único proyecto económico real y totalmente viable para mi estado natal: Tabasco, impulsado por el gobierno de la República. Esto sin duda heredará a nuestros hijos un país más incluyente y con mayores oportunidades.

El establecimiento de las Zonas Económicas Especiales —que no son más que delimitaciones territoriales con beneficios excepcionales para la atracción de inversiones—, es fundamental para un desarrollo económico más equilibrado, donde las cifras de crecimiento regional hicieron visible que los estados de la zona sur han sido por décadas los menos beneficiados. A partir de la firma del TLCAN, los estados de la frontera norte han crecido económicamente casi 50%, mientras que los del sur-sureste han crecido tan sólo 7 por ciento.

Si bien esta transformación no será inmediata, comenzará a dar sus frutos en el mediano y largo plazos, y tendremos un incremento sustancial en la productividad, conforme a las exigencias actuales del mercado, así como la creación de 20,000 nuevos empleos que mis paisanos tanto necesitan.

Es importante hacer mención de que no arrancamos de cero, pues desde mayo del 2016, con la dramática caída en los precios del petróleo y la consecuente crisis económica que sufrían estos estados, el presidente Peña Nieto impulsó, junto con las Zonas Económicas de Tabasco y Campeche, un programa para la reactivación económica, enlazando proyectos productivos, de ordenamiento territorial, capital humano, transferencia tecnológica y encadenamientos productivos que vinculan a las pequeñas y medianas empresas regionales al resto del mundo; lo que permitió que en el 2017, estas economías subnacionales se desaceleraran sustancialmente menos.

El desarrollo de las Zonas Económicas se llevará a cabo en paralelo a la implementación de la reforma de apertura y modernización del sector energético nacional, que estará canalizando en los próximos años proyectos de inversión por más de 200,000 millones de dólares; ambas estrategias permitirán una diversificación de la actividad económica, es decir, la región no estará enfocada únicamente en la industria petrolera, sino habrá nuevos giros manufactureros en sectores como el de chocolates, confites y dulces, plástico / caucho, procesamiento de animales, maquinaria y equipo. La participación de la banca de desarrollo será fundamental, ya que hay una bolsa de más de 50,000 millones de pesos para financiamiento empresarial; con todo ello, se consolidarán inversiones de empresas nacionales e internacionales calculadas en 1,500 millones de dólares dentro de los próximos 20 años.

Son innumerables las bondades de este moderno, eficiente y transparente proyecto, pero lo que más aplaudo es que estamos siendo testigos de que los distintos niveles de gobierno sí pueden trabajar en equipo y de manera coordinada en la implementación de políticas públicas.

En la grandeza de Tabasco sí hay espacio para la transformación productiva de nuestra región, para la modernización industrial, para el diálogo cercano y la comunicación con los empresarios, pero, sobre todo, espacio para la inversión, que es la ruta primordial para que regresen los empleos a esta región.

Desde la nueva trinchera a la que estoy convocada a participar, continuaré apoyando iniciativas como ésta, que apuesten por una nación incluyente, con las mismas oportunidades en el norte y en el sur, sin rezagos ni exclusión, pero lo más importante: ¡que abonen a consolidar el México que sí es posible!

*Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana, AC.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.