Retomando lo que escribí en este espacio la semana pasada, con relación al contexto de los datos que mencionó el presidente López Obrador en materia económica, hoy quiero referirme a algunos datos nuevos que se han dado a conocer a partir de mi última entrega y algunos que no mencioné en esa ocasión. Por ejemplo, el viernes pasado, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) dio a conocer el comportamiento del indicador mensual de la Inversión Fija Bruta durante abril pasado. En ese mes, si bien se recuperó frente a lo observado un mes antes, el índice con el que se reporta este indicador mostró una caída frente al nivel que se reportó en abril del 2018, de 2.4% en términos reales. La caída habría sido mayor de no ser por el notable desempeño del subíndice relativo a la inversión en maquinaria y equipo nacional, para el que se reportó un crecimiento en términos reales de 22.6% entre abril del 2018 y abril del 2019. Fuera de este componente, todos los demás reportan caídas frente a lo observado hace un año, que se reflejan en la caída del total.

Unos días antes, la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz y la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores habían dado a conocer, con datos también del Inegi, que la venta total de vehículos ligeros nuevos en junio, 106,398 unidades, fue 11.4% menor a las ventas totales reportadas en junio del 2018, que se ubicaron en 120,069 unidades. Esto indica que los mexicanos están enfrentando un panorama más complicado para adquirir vehículos nuevos que hace un año, ya sea por la incertidumbre del rumbo de la economía o más grave aún, por la incertidumbre personal en el plano laboral, otra área en la que la actual administración no está pudiendo lograr buenos números.

Por otra parte, es verdad que el gobierno federal ha podido cumplir con su compromiso de mantener finanzas públicas sanas. Sin embargo, es necesario revisar la estructura de los ingresos del sector público para darnos una idea de las complejidades por las que atraviesa la hacienda pública federal. Por ejemplo, es un hecho que la estimación que hizo la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en enero de este año para los ingresos de Pemex para el periodo enero-mayo, de 222,139 millones de pesos, fue demasiado optimista si se compara con el último reporte de ingresos presupuestarios publicado por esa dependencia, apenas a finales de junio pasado, donde se señala que Pemex obtuvo apenas 150,104 millones de pesos. Es decir, a SHCP le falló la estimación de ingresos de Pemex por 32.4 por ciento. Ello, con lo que ya he comentado aquí sobre el volumen de producción de crudo reportado durante los primeros cinco meses del 2019, es un claro indicio de que, en materia petrolera, lejos de que las cosas estén saliendo bien, son muy preocupantes.

Hay que decirlo abiertamente, el segundo semestre del 2019 no pinta bien. Lejos de esperar, o de prometer, un destacado desempeño de la economía mexicana, es momento de que el gobierno reconozca que no le han salido bien las cosas y que realmente no podrá entregar buenas cuentas al cierre de su primer año. El discurso basado en presumir el desempeño de la cotización del peso frente al dólar no les será suficiente para tratar de demostrar que se han tomado las mejores decisiones. hoy en día el peso es atractivo por el diferencial de tasas de interés entre México, Estados Unidos y otras economías desarrolladas. Buena parte del dinero que ha ingresado a nuestro país es porque viene a aprovechar esa mejor rentabilidad financiera que se ofrece en México, no por la confianza que despierta el programa económico de la nueva administración.

*El autor es economista.

Gerardo Flores Ramírez

Experto en telecomunicaciones

Ímpetu Económico