La buena noticia es que este gobierno se ha contenido en la tentación de controlar los precios, como suelen hacerlo los regímenes de corte populista para dar la impresión de éxito.

La mala noticia es que la realidad es terca y no se compadece del discurso simplón que promete arreglar las cosas como por arte de magia.

La inflación se ha mantenido bajo control, en buena medida por la dramática caída en la demanda agregada. Esto se ve fácilmente en los subíndices de los servicios que, con las actividades interrumpidas, han bajado sus precios. Contra los alimentos, cuyos precios están por arriba de la inflación general.

Uno de los subíndices inflacionarios que más colaboró con esa bonita foto de una inflación general el año pasado de 3.15%, fue el de los energéticos. Durante el 2020 la inflación fue negativa en ese rubro con un -2.53 por ciento.

Pero, los precios de los energéticos no dependen de las decisiones internas, por más que la 4T prometa lo contrario.

Y es ahí donde aplica la buena noticia de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no se ha atrevido, todavía, a controlar los precios de las gasolinas, ni a volverse a apropiar de ese mercado, por más que deteste al sector privado.

Otro de esos planes que se quedó simplemente en la imaginación del líder de la 4T es que México pueda producir todas las gasolinas que consume. Eso, lejos de estar en camino de suceder, queda cada vez más como una meta inalcanzable.

Siete de cada diez litros de gasolinas que se consumen en México son importadas y sus precios determinados en el mercado internacional.

La mala noticia es que el presidente López Obrador se comprometió a que los precios de las gasolinas no subirían más allá de la inflación general, esto es no deberíamos esperar un incremento este año más allá del 3.15 por ciento.

Incluso, en un afán de aumentar la recaudación este gobierno, a través de su oficina legislativa, aumentó para este año los impuestos que pagan las gasolinas.

La novedad es que durante las últimas semanas los precios de las gasolinas al consumidor en México han subido alrededor de 4 por ciento. Con casos extremos, como en la Ciudad de México, donde un automovilista conseguía el litro de Magna en unos 17.90 pesos por litro en diciembre y hoy le cuesta hasta 20 pesos esa misma cantidad de gasolina.

La única manera de que el Presidente pueda cumplir con su promesa de no aceptar gasolinazos es volver a jugar con la tasa del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, ese que subió este año y que se cobra completo.

Lo malo es que, si se empieza a subsidiar el combustible con ese impuesto, bajará la recaudación, lo que ya es un foco amarillo para el gobierno en este año.

La otra, es que la 4T se encargue de lanzar más bolas de humo, que la noticia no se comparta en muchos medios y que entonces los automovilistas no tengan tiempo de quejarse de esa promesa incumplida.

ecampos@eleconomista.com.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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