El próximo 30 de noviembre se cumplen dos años del gobierno de López Obrador, ni estamos al borde del abismo como lo señalan algunos, ni todo son resultados maravillosos de la tan cacareada Cuarta Transformación.

Hay cosas que se han hecho bien y que hay que reconocer, el compromiso contra la corrupción, la austeridad del gobierno, el apoyo a la gente pobre y a los estudiantes, el aumento al salario mínimo, así como las inversiones en la refinería, el Tren Maya y del Istmo, son acciones para apoyar a la gente y para tratar de que los estados del sureste del país se integren al desarrollo.

Hay, por otro lado, decisiones arbitrarias como las cancelaciones del aeropuerto de Texcoco, el Seguro Popular, el programa Progresa, las guarderías y recientemente los fideicomisos, que han afectado a mucha gente.

Es cierto que el presidente ha cumplido con 95% de sus compromisos, pero ha fallado en lo más importante que es dar seguridad a la gente, promover una economía en crecimiento, crear empleos, reducir la pobreza y proteger con efectividad a la población por la pandemia del coronavirus.

No se trata de criticar sólo por criticar y hay que reconocer que ha habido mala suerte por la pandemia; pero más allá de ella, es necesario ver en qué se ha avanzado y que no sólo estamos estancados, sino vamos hacia atrás. Quisiera centrarme en tres temas: seguridad, economía y política.

En el caso de la seguridad, es cierto que se paró la tendencia del crecimiento de la delincuencia, pero no se ha logrado reducir el número de homicidios, ni debilitar a la delincuencia organizada y somos uno de los países más violentos del mundo. Habría que evaluar si la Guardia Nacional es la solución para hacer de México un país más seguro o si debemos revisar la estrategia y tratar de crear como prioridad policías calificadas, bien equipadas y pagadas, a nivel municipal y estatal. El perfil militar de los elementos de la Guardia Nacional no es el adecuado para dar seguridad a la gente en las calles, colonias y parques, a las comunidades, pueblos y ciudades.

En el caso de la economía, el principal problema que enfrentamos es la baja inversión, tanto pública como privada; en este último caso, por la falta de confianza. Recordemos que “el sector privado pelea, retirándose”, por lo que más allá de las promesas, la realidad es que no hay confianza para invertir, por las descalificaciones constantes del presidente a ciertos empresarios. Por otro lado, las bajas perspectivas de crecimiento económico en el mediano plazo hacen que se restrinja la inversión. Si el gobierno no establece un programa urgente de reactivación económica, nadie va a invertir en un país en el que la economía se recuperará hasta el 2024.

Más allá de la seguridad y la economía, desde mi punto de vista, lo más negativo de estos dos años de gobierno es la división y confrontación política que ha fomentado el presidente. El enfrentamiento que existe entre el presidente, los gobernadores, los partidos de oposición, los medios de comunicación y cualquiera que ose criticar al gobierno, no tiene precedentes.

Estamos ya en medio del proceso para las elecciones del próximo año y de continuar la falta de diálogo y la confrontación política que vivimos, corremos el riesgo de que se presente la violencia en varios lugares del país. Ojalá el presidente entienda que el mayor riesgo que corre el país y su gobierno es que la división entre los mexicanos siga aumentando.

Demetrio Sodi

Político mexicano

Desde la cancha

Ciudadano interesado en las soluciones para el país y la Ciudad de México. Político mexicano, ha sido diputado federal (1988-1991), senador (2000-2006) y jefe delegacional de Miguel Hidalgo (2009-2012).