Rara vez una cumbre de este nivel sirve para comunicar la solución de problemas comunes. Son más estas imágenes que hoy vemos en los medios de comunicación: el mensaje no es práctico, es político; aunque de poca utilidad.

La Cumbre de Líderes de Norteamérica en Toluca no podría servir para otra cosa que no fuera lucir el terruño del presidente mexicano, porque las condiciones internas de los tres socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte no están para lograr acuerdos hacia el exterior.

Quizá la parte más productiva del encuentro se dio antes de que llegara el tercer invitado. La firma de acuerdos bilaterales entre el gobierno de Canadá y el Ejecutivo mexicano aporta elementos mínimos pero prácticos a la relación bilateral.

Claro está que el tema central de la agenda mexicana con el gobierno canadiense quedó una vez más como un asunto pendiente, porque el país más norteño del continente no está dispuesto por ahora a modificar su política de exigir visas a los mexicanos que visitan su territorio.

Aun con los acuerdos firmados, la relación entre México y Canadá es distante y fría, a pesar de la sociedad del acuerdo comercial. Si el primer ministro Stephen Harper no hubiera llegado un par de días antes a México que Barack Obama, nadie habría hablado de su presencia en estas tierras.

Barack Obama tiene un claro discurso de integración comercial a través del Acuerdo Transpacífico y de mayor cercanía con su vecino del sur. Pero en el terreno práctico, lo que el presidente demócrata tiene es una enorme bota del Congreso sobre el cuello, la cual le impide moverse de acuerdo con sus planes.

Estados Unidos en estos tiempos de Barack Obama tiene récord de deportación de mexicanos, a razón de 2 millones desde que llegó al poder. Sin embargo, más que una política deliberada, eso es consecuencia lógica de la gran recesión. Cuando la destrucción de empleos fue tan grande y su recuperación tan lenta, es evidente que el mercado laboral se vuelve más competido y los indocumentados pierden.

En el momento que la economía de Estados Unidos logre tasas de recuperación sostenidas, volverá a crecer la demanda de mano de obra para aquellas labores que muchos trabajadores locales no están dispuestos a hacer. Ahí la mano de obra mexicana será demandada otra vez.

Obama no tiene suficiente poder de influencia en su Congreso como para lograr que le otorguen el famoso fast track, que le permitiría realmente negociar el Acuerdo Transpacífico; por lo tanto ésa también quedará como una buena intención.

Mientras tanto, Enrique Peña Nieto aprovecha su momento de fama mundial para lucir su remozada ciudad capital; pero tampoco tiene mucho más que ofrecer por ahora, porque sus reformas están en plena construcción.

El tema energético fue sin duda central en las pláticas privadas, pero todo se tiene que bordar en el supuesto de la aprobación de determinadas leyes secundarias, hoy inexistentes.

Total, que ayer mismo se fueron los invitados y no dejaron ningún acuerdo firmado. Sólo quedan fachadas recién pintadas en Toluca, muchas fotografías, una enorme cantidad de adulaciones mutuas, sonrisas en los funcionarios mexicanos y ya.