Winston Churchill dijo una vez sobre los peligros en la vida: “si pasas por el infierno sigue adelante”. Y sugería resolver los problemas del presente e imaginar las soluciones del futuro.

La pandemia es una contundente llamada de atención. Ha creado una serie de consecuencias que están transformando la vida cotidiana, el empleo, la producción, el consumo y la seguridad.

Una consecuencia es la modificación del modelo productivo. Con la digitalización se produce un sustancial ahorro de mano de obra, mayor productividad, pero aumenta el desempleo. Y no hay, hasta ahora, una política global que plantee resolver esta problemática de consecuencias sociales desastrosas en todos los países.

Otra más es la tendencia a la desglobalización que los populistas de derecha sostienen con fervor con base en un nacionalismo egocéntrico, peligroso para la paz y la seguridad. Tienen un rechazo a todo lo que significa integración política, económica y social, que es precisamente lo que se necesita. El ejemplo más patético es el Brexit que está destruyendo al Reino Unido.

Una consecuencia más es que Trump decidió suspender el financiamiento estadounidense a la Organización Mundial de la Salud, ahora que vivimos en plena pandemia y que lo más deseable es más apoyo financiero para reducir el tiempo infernal de la pandemia. La decisión de Trump revela la indiferencia social de su gobierno, lejos, muy lejos, de lo que hicieron por la sociedad norteamericana presidentes como Franklin Delano Roosevelt.

Otra consecuencia, asociada a la anterior, es el unilateralismo en las relaciones internacionales, que tiene un fondo demagógico. El multilateralismo, cuyo eje es la ONU, es un producto histórico en favor de la democracia y la paz para establecer políticas comunes.

También la tendencia aislacionista de líderes de países, concretamente de Estados Unidos, que han tenido importancia en el liderazgo mundial y que al renunciar a éste, pero afectando a los países que no se suman a sus políticas, evaden participar en la soluciones globales. Según la encuesta reciente de New Research Center, de entre seis líderes mundiales, Trump es el peor calificado.

Esta posición es contraria a las grandes iniciativas realizadas  en el pasado. Una de ellas fue el Plan Marshall, un programa de ayuda norteamericana que en dólares de hoy serían 300,000 millones. Fueron para la reconstrucción de Europa y para el aumento del nivel de vida de sus habitantes. Esto cambió en pocos años la faz de Europa.

Otra consecuencia es la falta de previsión de los gobiernos. La profundidad de la pandemia ocurrió en los países desarrollados por desidia debido a que ya se había advertido por parte de los científicos de una probable pandemia respiratoria similar en gravedad a la gripe de 1918. En los países en vías de desarrollo fue la vulnerabilidad de los sistemas de salud, la que facilitó la expansión de la pandemia.

La llegada de la vacuna será para el mundo un gran alivio. Pero no es la panacea. Los gobiernos tendrán que operar programas para la recuperación económica. Las organizaciones internacionales de financiamiento requerirán de una ingeniería para la expansión. Todo ello dentro de un deseable contexto multilateral.

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Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.