Hasta hace poco tiempo una de las grandes angustias de los participantes de los mercados era saber qué decidiría el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) respecto a su política monetaria.

Fueron varios años en los que lo único que alteraba la paz de los mercados era precisamente la expectativa de un cambio monetario en Estados Unidos.

No son pocos los que extrañan esos días en que lo que más generaba tensión era conocer en punto de la 1 de la tarde el comunicado de política monetaria de la Fed tras dos días de reunión.

Ahora los mercados, además de seguir pendientes de las variaciones monetarias, tienen que estar pendientes de la cuenta de Twitter del presidente de los Estados Unidos para saber qué nueva cosa se le ha ocurrido y que puede alterar al mundo entero.

Cuando la política aplicada desde la Casa Blanca no era un factor de preocupación para los mercados, contaban los índices de creación de empleo, el número de solicitudes de desempleo de cada semana, por supuesto los reportes inflacionarios y el comportamiento de los indicadores industriales, comerciales y del Producto Interno Bruto. Eso movía las expectativas, la incertidumbre se alimentaba del anticipo sobre cambios en los niveles de las tasas de interés.

Hoy inicia la primera reunión del órgano tomador de decisiones de la Fed que habrá de concluir mañana, como de costumbre, con un comunicado de su determinación y la posterior conferencia de prensa de la presidenta del banco central, Janet Yellen.

Pero hoy mismo el banco central comparte los reflectores con aquel que llegó a involucionar la política estadounidense.

Esta noche el presidente estadounidense, Donald Trump, habrá de dar a conocer el nombre de su candidato a la Suprema Corte de Justicia de aquel país. Todos esperan que proponga a un personaje ultraconservador, pero también hay que esperar que acompañe ese nombre con algunas medidas de corte decimonónico.

La Fed tiene en su escenario de toma de decisiones un mercado laboral que se mantiene robusto, aunque tampoco en una etapa de auge. Debe ponderar un crecimiento económico más bajo del esperado durante el cuarto trimestre del año pasado. Tiene que tomar en cuenta las presiones inflacionarias que se han generado por el aumento en el precio de los energéticos. Y por supuesto que tiene que considerar que hoy los mercados están en una complicada etapa de volatilidad.

Además de todas las variables que siguen de manera habitual, ahora desde el banco central tienen que anticipar cuáles pueden ser los efectos económicos y financieros de las medidas que asuma el gobierno de Donald Trump.

Empezando por conocer cuáles son los planes fiscales del presidente, porque la idea de disminuir los ingresos a través de la condonación de muchos gravámenes, a la par de aumentar el gasto en la creación de infraestructura son sin duda temas de análisis de la autoridad monetaria.

Y como ésas, tantas otras medidas que acabarían por tener impacto inflacionario y económico.

Hay algo más.

Hoy los banqueros centrales de Estados Unidos, en especial Janet Yellen, deben considerar que si alguna de sus determinaciones no le gustan a Trump, entonces se convertirán en tiro al blanco para la diarrea tuitera del presidente.