Al presidente López le gusta abrirse muchos frentes al mismo tiempo, pero hasta el momento parece que está saliendo bien de esas confrontaciones. De hecho, si tomamos como base las encuestas aparecidas en la última semana le ha ido muy bien. De manera reiterada, dice la frase que cabecea este artículo para resaltar la idea de que ha mejorado el país desde que él gobierna. Alude, sobre todo, a la corrupción. En el tema del coronavirus y la crisis económica muchos vieron el Waterloo del líder. Se equivocaron.  De nuevo, ha prevalecido su discurso sobre el control de la pandemia, la creación de empleos y las vacunas. 

Las encuestas aparecidas en estos días seguramente han hecho desfallecer el corazón de los opositores. En ellas se dice que la popularidad de AMLO es estable o bien ha crecido. Inclusive, alguna de ellas ha señalado que se incrementó el número de positivos del partido MORENA. Los analistas coinciden que esta situación se puede deber a la percepción de que el presidente (el gobierno no existe) ha logrado iniciar la vacunación masiva, a pesar de que los países más desarrollados las están acaparando.

Por otro lado, también ha logrado sacar en el Congreso su Ley Eléctrica sin mayores dificultades. El Consejo Coordinador Empresarial se ha quejado que no hubo Parlamento Abierto y que se vendrán un alud de amparos de empresas privadas. Los expertos auguran que subirán las tarifas y que prevalecerán las energías sucias. Se equivocan en parte, los consumidores no veremos una elevación de tarifas. El presidente ordenará que suban los subsidios igual que se hace con las gasolinas. El votante promedio no se pondrá a pensar que el aumento gradual de los subsidios no es sano para la economía nacional, todo lo que verá es que se estabilizaron los precios.

El presidente ha logrado doblar a empresas multinacionales que han aceptado renegociar los términos de sus contratos (Vitol, Odebrecht e Iberdrola, entre otras). Con ello, dice, se ha ahorrado miles de millones de pesos (más de 13 mil MP y contando) ¿Por qué suponemos que estas poderosas empresas aceptaron algo que no les convenía en lugar de llevar a juicio al gobierno mexicano? La lógica nos lleva a pensar que la razón es simple: porque aún con esta redefinición harán un buen negocio.

Si esto es así, entonces también cabe suponer que, en efecto, eran contratos leoninos en los que ganaban no solo las empresas sino también muchos funcionarios. Es decir, hubo corrupción. El costo de ser exhibidos y salir de un mercado millonario como el mexicano puede ser más alto que aceptar una rendición pactada. Respecto a los miles de millones que deberán pagar está por verse o, más bien, se guardará en secreto, como todo lo demás, pero para el respetable es reconfortante escuchar estas noticias.

En síntesis, la narrativa del presidente es invencible, pero no porque les mexicanes la crean, sino porque las otras narrativas no son asibles. Dice Cuauhtémoc Cárdenas que nadie está ofreciendo un proyecto de nación. Es cierto, pero ya ninguna nación en el mundo tiene un proyecto así. Gajes de neoliberalismo o el capitalismo global. Es un sálvese el que pueda. 

La pandemia, la crisis y la vacunación vinieron a desterrar el sueño de algunos filósofos de una mayor cooperación mundial en beneficio de las grandes mayorías. Lo de hoy es la disputa entre un liderazgo económico, tecnológico y productivo que cada vez es más evidente se encuentra en Asia, un bloque norteamericano en una recuperación dudosa y con riesgo de resquebrajarse y una Europa que se ha vuelto débil.

En este panorama, ya no se puede creer en proyectos nacionales o narrativas alternativas. Sólo hay que tomar lo que está a mano. ¿Qué esto viene de un demagogo y mentiroso?, No importa.  ¿Acaso lo otros son mejores? Tal vez no lo son, pero al menos tienen mejores modales, eso sí, pero no hay mucho más. Así que AMLO puede caminar tranquilo hacia las elecciones y su expectativa es controlar aún más la Cámara de Diputados y promover que su partido gane territorios.

Pero en este camino hay dos piedritas que se le atraviesan: los medios y periodistas críticos y los grupos feministas. Reforma, El Universal, El Economista, El País y muchos de sus colaboradores han sido atacados y calumniados por AMLO. El presidente ha salido indemne de estas batallas y auguro que ganará todas las batallas, pero perderá la guerra con los medios.

Las feministas han sido capaces de poner al desnudo los límites, las mentiras y la cortedad de miras de la narrativa presidencial. Sus cuestionamientos han sido retomados por sectores hasta ahora poco receptivos a ellos y el caso Félix Salgado Macedonio y la defensa presidencial las ha fortalecido y ha proyectado la situación a nivel internacional. El próximo 8 de marzo, cuando enojadas tomen las calles, ojos de todo el mundo las estarán viendo.

A pesar de las encuestas, las mayorías no están tranquilas ni contentas. Pongo en los medios críticos y las feministas mi esperanza.