“¿Qué votaría usted?” es la pregunta que deben contestarnos quienes aspiran a legislar como representantes de la ciudadanía, es decir, en nuestro nombre. La pregunta suena rara porque solemos preguntarnos “¿Por quién votaría usted?” y parecemos olvidar que, a menos que siempre votemos por el mismo partido sean cuales sean sus candidaturas, antes de acudir a las urnas tenemos que indagar quiénes son, en términos éticos y políticos, esos personajes que aspiran a contribuir al “bien común” desde la Cámara de Diputados.

Saber quiénes son los potenciales supuestos representantes de nuestros intereses nunca ha sido tarea fácil porque, en vez de exponer propuestas, las y los suspirantes reproducen la retórica al uso de su partido, aderezada de perspectiva de género o inclusión en ciertos escenarios, de alusiones a dios, al destino, la patria, o a la buena voluntad del señor presidente, en otros. Como ya sabemos, prometer bienestar, empleo y gloria nacional se ha vuelto un lugar común en éste y otros países. La relativización de la ley y la verdad tampoco ayudan a determinar nuestras preferencias. Si en algunos casos las denuncias contra candidatos acosadores, violadores o violentos se pierden en el torrente mediático, en otros surgen de pronto “investigaciones” contra aspirantes que parecían contar con simpatías ciudadanas, o reaparecen en medios críticos recordatorios de que todos los partidos han cerrado los ojos ante denuncias de corrupción, asociación con el crimen organizado o complicidad con  exgobernadores perseguidos o consignados, que bastarían para descalificar a uno o varios de sus aspirantes si la ley y la ética guiaran su selección. Para discernir quiénes cumplen con requisitos mínimos de sentido común y crítico, necesitaríamos un excelente sistema de información, mucho tiempo y hasta una beca o por lo menos un ingreso básico ciudadano, condiciones imposibles.

No obstante estas dificultades, sería irresponsable abandonar nuestra aspiración a determinar con algún conocimiento de causa a quiénes otorgaremos el alto honor de representarnos en la Cámara y de vivir de nuestros impuestos. Necesitamos saber, por ejemplo, si quienes buscan la reelección han presentado o aprobado iniciativas pensando en nuestros intereses, en la homilía palaciega de cada día, en la obediencia debida a su partido o sus benefactores, en las futuras generaciones, en las exigencias democráticas o en su bolsillo. Entre otras interrogantes, cabría indagar: ¿Votó usted a favor de la entrega de datos biométricos para poder usar un celular?, ¿así defiende el derecho a la privacidad? ¿Aprobó usted el aumento del presupuesto a las fuerzas armadas? ¿Votó a favor de las leyes eléctrica y de hidrocarburos?, ¿le importa el cambio climático?  ¿Llamaría usted a la secretaria de Educación a explicar dónde está el presupuesto para el diseño de los libros de texto? ¿Pedirá a la FGR que explique la compra de equipo de espionaje?  ¿Votará a favor de la reforma judicial y la ampliación de la presidencia del ministro Zaldívar?  ¿Aprobaría una reforma que ampliara el número de ministros?

Si nuestra representante favorita no se puede reelegir por falta de apoyo de su partido o si quienes pretenden conservar su cargo nos parecen impresentables, tendremos que presentar a los nuevos aspirantes situaciones y preguntas hipotéticas, también válidas para las y los legisladores experimentados. Dadas las crisis existentes y los embates a las instituciones autónomas, preguntemos: ¿Aprobaría usted reformas que limitaran la autonomía del INE, el INAI, el Banco de México, para favorecer la “transformación del país”; ¿llamaría usted a rendir cuentas al secretario y subsecretario de Salud?; ¿votaría a favor de mayor presupuesto para Pemex, CFE y las fuerzas armadas?; ¿fiscalizaría usted el uso de recursos de Inmujeres, Conavim, Bienestar desde 2018?  Si en 2022-2024 se presentara una iniciativa de reforma constitucional para permitir la reelección presidencial, ¿la aprobaría?

Si acaso estas preguntas parecen sesgadas o excesivas o insuficientes, averigüemos lo más básico: ¿Sabe para qué sirve la Cámara de Diputados? ¿Conoce usted la Constitución? 

Twitter: @luciamelp

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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