La trigésima sesión del Consejo Político Nacional del PRI fue el escenario en el que Enrique Peña Nieto pronunció el que muy probablemente sea el discurso más importante de su carrera política.

Ese mensaje -al que algunos comparan con el histórico discurso de Luis Donaldo Colosio del 6 de marzo de 1994- carece de los recursos retóricos que habitualmente utiliza Frank Martínez (el speechwriter de cabecera del candidato del PRI) y sorprendió por su brevedad y contundencia: es hora de romper con el pasado.

No tendrán cabida ni la corrupción ni el encubrimiento y mucho menos la impunidad . Advirtió: Quien no esté dispuesto a comprometerse con la democracia, la libertad y la transparencia, simplemente, no tiene cabida en este proyecto .

A punto de enfilar hacia la recta final de las campañas, el exgobernador del Estado de México formuló un deslinde claro respecto de lo que representa históricamente el PRI, justo en el momento en el que arrecian las manifestaciones en su contra.

El viejo PRI, diagnosticó, no podrá sacar al PAN de Los Pinos, en el entendido de que la sociedad mexicana ahora enfrenta la disyuntiva de la continuidad -representada por el josefinismo- o el cambio.

Podría concederse el beneficio de la duda al abanderado de la coalición Compromiso por México y asumir que, en efecto, forma parte de una nueva generación de priístas. Sólo que durante su trayectoria en el servicio público, que apenas cubre tres lustros, nunca había dado muestras de lo contrario.

El planteamiento de Peña Nieto naufraga en los mares de la demagogia electoral y está sustentado en una premisa falsa, por prevaricación.

Las manifestaciones de las últimas semanas dejan ver una ciudadanía alejada del conformismo.

La invencibilidad de Peña Nieto era una apuesta demasiado arriesgada, principalmente, porque implicaba la apatía de un electorado harto con la clase política como correlato. Significaba que la gente aceptara el regreso del PRI a Los Pinos como un destino inexorable y no como un desafío que mueve a la resistencia y a la rebelión para aquellos que, en lugar de vivir el futuro como una penitencia inevitable, imaginan un cambio verdadero.

A pesar de todo, Peña Nieto mantendrá sus denodados esfuerzos por borrar las máculas generadas por su Waterloo de la Ibero. La promulgación de su manifiesto por una Presidencia democrática y su careo con los participantes en la más reciente emisión de Tercer Grado, anteceden a su discurso contra el pasado priísta que lo persigue.

Y por más que niegue que el expresidente Carlos Salinas de Gortari sea su padrino, que haya pactado con La Maestra Elba Esther Gordillo o insista en que se suma a las demandas de castigo a ejemplar a sus homólogos -llámense Humberto Moreira, Tomás Yarrington, Mario Marín o Ulises Ruiz-, simplemente, fracasa en el intento por lograr que su voz traspase las atalayas tricolores.

Antes de llegar a las urnas, ha quedado claro que una franja importante del electorado optará por el cambio y no por la continuidad del modelo panista. Enrique Peña Nieto trata de presentarse como una opción de cambio responsable . Su propuesta, formulada implacablemente, carece de sustento.

Queda un mes de campaña y la ofensiva final contra el abanderado priísta está en curso. Avanzan las actuaciones judiciales contra los representantes del viejo PRI y el siguiente implicado es un exgobernador de Oaxaca. Ahora mismo están ejecutándose las actuaciones derivadas de la denuncia penal interpuesta por Gerardo Cajiga, el actual secretario de Finanzas del gobierno estatal.

EFECTOS SECUNDARIOS

TEXTUAL. Yo les voy a pedir que salgan a la calle y convenzan a todos de que tenemos una gran candidata que se llama Josefina y que va a ser la primera mujer Presidenta de México , pidió la primera dama, Margarita Zavala Gómez del Campo, a las asistentes al primero foro Mujer de Palabra, celebrado antier en Puebla, tenemos que aceptar el reto de tener a una mujer en la Presidencia de la República... Ella sabe hacia dónde tenemos que seguir para continuar transformando al país .

RECHIFLA. Bastante extraño resultó que la sala de Cinemex Altavista tuviera su aforo completo para observar el documental del cineasta alemán sobre la coreógrafa Pina Bausch. Sin cortos, antes de la función, corrió una pauta comercial que divirtió a los espectadores hasta que en la pantalla aparecieron los actores Raúl Araiza y Andrea Legarreta para promover al Partido Verde. En las demás funciones se presentó lo mismo: un auditorio sulfurado por la invasión a uno de los pocos espacios donde los partidos no se atrevían a exponer su propaganda política. Más que los estrategas del Niño Verde, a la cúpula priísta debe preocupar esta repulsa en la ciudad de México, territorio donde el ánimo del electorado ha cambiado señaladamente.

AUSENCIAS. El Comité de Acción Política del SNTE, una especie de colegiado que concita a maestros de diferentes tendencias ideológicas, recibió a Gabriel Quadri de la Torre, el único de los candidatos presidenciales que aceptó la invitación girada por Elba Esther Gordillo para que expusieran ante la cúpula magisterial sus propuestas de campaña. A última hora, La Maestra chiapaneca decide no acudir a la reunión y, en su lugar, aparecen su hija, Mónica Arriola Gordillo, y Luis Castro Obregón, dirigentes formales de Nueva Alianza, quienes no parecen invitados: son anfitriones en esta reunión.