Si las cosas van mal, aún pueden salir peor. Este es el resumen de la última conferencia de Alexandre de Juniac, director de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), una vez que el verano 2020 ha dejado el peor saldo de su historia, los rebrotes de Covid-19 está a la orden del día y la temporada invernal, baja por naturaleza y sujeta a la influenza, pueden complicarlo todo.

Y es que, aun cuando las ayudas gubernamentales a las aerolíneas de algunos países han totalizado 161,000 millones de dólares (cada país ha hecho su propia apuesta), la mayor parte de los recursos se han invertido en mantener la caja funcionando y ya no hay mucho para aguantar. Diversas aerolíneas han hecho recortes; han entrado en esquemas como el capítulo 11 de la Ley de Quiebras de EU, o bien, han acudido a los mercados de valores. Pero IATA no es optimista respecto al destino de todo ese dinero, ya que la temporada que viene es crucial y no se ve que los pronósticos mejoren.

El problema se vislumbra más fuerte hacia fines del año y la IATA advierte que lo que está en riesgo son 4.1 millones de empleos directos y más de 98,000 millones de dólares de PIB que genera el sector alrededor del mundo. Ha llegado el momento en que los gobiernos tienen que decidir si quieren tener aviación en el largo plazo y desde luego, la clave es importancia que le den a la generación de empleos y de ventas al exterior y a la conectividad tanto nacional como internacional.

Es difícil que a simple vista se entienda la importancia del transporte aéreo porque existe el mito de que es un sector para ricos y no se ve inmediatamente la derrama de recursos en todos los ámbitos, desde el turismo hasta el comercio, que son los que generan la mayor cantidad de divisas que entran a las arcas públicas.

De acuerdo con el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI), a nivel global la aviación y el turismo apoyan la existencia de 87.7 millones de empleos y dentro de ellos 11 millones son directamente del sector: aerolíneas, aeropuertos, armadoras de aviones, tránsito aéreo, etc. Por lo pronto, de esos 11 están en peligro 4.1 y de los 87.7 hay nada menos que 46 millones que podrían desaparecer si los gobiernos no se ponen las pilas.

Ya hemos dicho aquí que la Organización de Aviación Civil (OACI), que agrupa a los países y en cuyo seno se llevan a cabo las discusiones para impulsar el transporte aéreo a nivel global, tendría que tomar un papel protagónico en este momento para defender lo que ha costado décadas construir y que ha probado ser uno de los mayores impulsores del crecimiento económico de los países. Ante la emergencia, las naciones del mundo tienen que dejar atrás el letargo en el que parece que los ha sumido la pandemia, no hacerlo significará años de atraso en un momento en que la población crece.

La propia IATA se encuentra en crisis y ya planea el recorte de 400 plazas, un 22% de su platilla total, resultado de la baja de ingresos de sus aerolíneas miembro. Sin duda, un momento crucial.