Impensable, pero cabe la posibilidad. Inédito, pero nada está escrito aún. Catastrófico, pero podría suceder si no hay acuerdo entre Aeroméxico y los pilotos aviadores agrupados en ASPA de México, para modificar las condiciones contractuales que se mantienen hasta el momento, con objeto de ajustarse a las disposiciones del crédito por 1,000 millones de dólares que otorgó el fondo de inversiones Apollo, bajo las reglas del Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de los Estados Unidos.

Los mecanismos del Capítulo 11 intentan ayudar a las empresas en quiebra a reestructurar de forma ordenada sus adeudos con los principales acreedores y a obtener capital fresco con objeto de continuar operando, ya que la otra alternativa sería la liquidación de la empresa y desde luego, el despido de sus empleados, el cese de actividades y la dispersión de todos sus activos.

En estas condiciones, quienes estén dispuestos a financiar el relanzamiento de la empresa en cuestión tienen algunas prerrogativas que hacen ese negocio atractivo (¿quién está interesado en financiar a una compañía en quiebra, si no es en términos ultrafavorables?). Y entre las facilidades que se les otorgan a los financiadores está la prelación sobre otros acreedores y la supervisión de un plan de negocios que muchas veces es draconiano, como es el caso de Apollo con Aeroméxico.

Hay que decir, sin embargo, que no todas las empresas pueden recurrir a este mecanismo, y de aquellas que lo hacen pocas logran salir adelante, aunque la otra opción sería ruinosa para la aerolínea del Caballero Aguila porque -como ya se ha visto en el caso de Interjet y otras empresas mexicanas- el gobierno federal no está dispuesto a acudir en auxilio de ninguna compañía privada, por muy importante que sea geopolíticamente hablando.

Esto no es una buena noticia para nadie: tanto los acreedores como los trabajadores tendrían que ceder buena parte de lo que les corresponde si quieren que la empresa siga adelante y en este caso estamos hablando de al menos cuatro años de sacrificios, nada fácil en un entorno que es, además, bastante complicado por los efectos del Covid en la economía.

El asunto más complicado es que para concretar el préstamo total que permita que Aeroméxico siga operando, deberá haber un acuerdo con acreedores y trabajadores antes del 31 de diciembre próximo, fecha límite en que los convenios laborales deberán estar aceptados y firmados por los sindicatos, así como sancionados por las autoridades laborales.

Y aquí viene lo peor: en caso de que no se logre dicho acuerdo, se genera un vencimiento anticipado de la primera parte del préstamo (375 millones de dólares) que acabaría con el efectivo que hoy tiene en caja la aerolínea. Y si la empresa no pudiera hacer frente a los pagos, entonces Apollo podría reclamar el 100% del crédito y quedarse con los activos de Aeroméxico.

¿Qué pasaría entre las legislaciones mexicana y estadounidense en esta disputa? Nadie tiene la menor idea, pero, seguro, sería el juicio bilateral del siglo. Una pésima noticia que nadie quiere ver materializada. Lo mejor es que se llegue a arreglos inteligentes y equilibrados para todos: para la empresa, garantizar que siga existiendo; para los sindicatos, que los sacrificios sean equitativos. ¿O no?

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