Erróneamente los clubes desdeñan un torneo que les puede beneficiar.

Si el prestigio no afecta al negocio para bien o para mal entonces poco le importa a los clubes mexicanos. Así ocurre con la Copa Libertadores. Sí, es el torneo a nivel de equipos más importante de América y del mundo sólo después de la Champions League, pero a los equipos les resulta mejor calificar a la Liguilla. Allí hay dinero, y donde hay capital es donde más importa enfocarse.

Es un negocio. Y eso lo ha entendido muy bien el futbol mexicano. Los fans han enriquecido a las instituciones y ellos van donde la plata brilla más. Que no vengan con el cuento de que el futbol mexicano no es negocio... ¿Quién en su sano juicio da 100 millones de pesos como mínimo al año para operar un gusto o pasión sin nada a cambio? No digo que no existan, pero al menos aquí, lo dudo.

El costo de abrir el estadio, la poca promoción que se le da a los partidos, las bajas entradas y los viajes largos son apenas algunos de los puntos negativos que miran los cuerpos técnicos y las directivas de los mexicanos para dar el 100 por ciento. Todo esto es contrario a lo que pasa en Sudamérica, porque la necesidad allá abajo es muy fuerte. Muchos equipos pueden lograr ingresar su presupuesto anual o al menos una gran parte si son protagonistas en la Libertadores de este año. La necesidad da las prioridades.

Entonces, ¿para qué perdemos el tiempo si no tomamos en serio el torneo?, ¿por qué los clubes se empeñan en ganarse un lugar si después deciden dejar ir el campeonato por el retrete?, ¿para qué fingimos si lo mejor sería tomar nuestras cosas y dejar la fiesta?

Seguramente le viene a la mente Tigres, un equipo que tomó con seriedad el campeonato y llegó hasta la final. El mismo Pumas, que fue finalista de una Copa Sudamericana, o el Pachuca, que se coronó en ésta. Es ahora o nunca (me refiero a este lapso de complicaciones económicas y sociales de los clubes desde hace cinco años que los hace vulnerables) cuando México puede ganar una Libertadores.

Nuestro futbol se ha hecho envidiable en todo el continente por las condiciones laborales que hay, también por la infraestructura y la tranquilidad para trabajar. Es verdad que el dinero no juega, pero sin duda, al final del día, los recursos económicos terminan por pesar.

Además los clubes mexicanos tienen jugadores de sobrada calidad comparado con los sudamericanos, que en su mayoría viven endeudados, con incumplimientos de pago, pero muchos de ellos se juegan el corazón por la Libertadores. Para ellos el prestigio sí basta, porque es la principal vitrina para salir de casa y empezar a ganar el doble o triple en Europa o en países como en México.

Ahí está Carlos Sánchez, el mejor jugador de América el años pasado y campeón con River Plate. Pasó de tener un gran año con las Gallinas a ser uno de los cinco mejores pagados del campeonato mexicano con 1 millón de dólares con Monterrey.

¿Será que en Sudamérica tienen a guerreros y en México todo está a la mano para los profesionales e importan más lo que cuestas que lo que hagas? ¿Daniel Ludueña tenía razón al hablar del conformismo del futbolista en nuestro país?

Pero si pensamos en dinero, ganar la Copa Libertadores a largo plazo puede mejorar económicamente una franquicia. Primero, revaloraría al club; segundo, a sus jugadores: los puede vender al doble de precio a equipos europeos; tercero, puede negociar a un mayor costo sus contratos comerciales. Pero, ojo, eso no es a corto plazo. Mientras los clubes nacionales piensen en la prontitud, seguiremos igual en todo: creyendo que somos buenos, cuando en realidad somos uno más del saco.