Si China se desacelera, los efectos se dejarán sentir también en la Bolsa mexicana y en el peso. Una gripe en China puede traernos algo más que un catarrito.

China ha crecido más de 9% en promedio por tres décadas. Los expertos saben que esa tasa de crecimiento no puede continuar para siempre. Ellos no discuten si se desacelerará. Tratan de anticipar cuándo ocurrirá esa desaceleración y qué forma tendrá.

En estos días ha vuelto a estar de moda el tema del slowdown chino. Así ha sido desde el 2009. Esta vez parece que es diferente. Dos datos prenden los focos en el tablero: la cifra del PIB de China para el 2013 fue menor a 8 por ciento. El índice de compras de HSBC refleja que la actividad industrial está entrando en una fase de contracción.

La caída generalizada de los mercados que se vivió ayer expresa temor por la salud económica del dragón. Cayeron las bolsas de Tokio, Corea, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y México, entre otras. En el mercado de divisas hubo pérdidas para muchas monedas, entre ellas el peso mexicano; el dólar australiano; el peso chileno y la lira turca.

¿Por qué asusta que China crezca menos de 8%, cuando el resto del planeta no puede crecer ni 4% y los grandes batallan por salir de un rango miserable de 0 a 2 por ciento? El problema es que China se ha convertido en una especie de segundo motor de la economía mundial. En un escenario donde Europa no crece, sólo quedan Estados Unidos y China. El dragón ha malacostumbrado a sus proveedores con tasas gigantes de crecimiento. Una baja en el PIB de China produce un efecto dominó de desaceleración en el PIB de sus principales proveedores: Australia, Brasil, Chile y Rusia, entre ellos.

China consume la mitad del carbón que el mundo produce y un porcentaje similar de mineral ferroso. Compra un tercio de los metales industriales, como cobre y plomo. La desaceleración de China significa una menor demanda de la producción de los grandes productores mundiales y un fuerte golpe para algunas de las grandes mineras como Río Tinto y Anglo American, fuertemente dependientes del dragón.

Los productos más vulnerables a la desaceleración china son el cobre, el zinc y el plomo, según los expertos en commodities de Barclays. Estos metales podrían caer entre 40 y 60% en su precio en caso de que la producción industrial de China se desacelere bruscamente.

Qué tal si el rompimiento del piso de 8% es sólo el principio de un descenso mayor en la tasa de crecimiento de China. Ése es la preocupación expresada recientemente por un analista/especulador tan sagaz como George Soros. Mi mayor temor para el 2014 es que el motor de China pierda fuelle , dice el nativo de Hungría. Las gigantescas reservas de divisas de China no tienen comparación con las de ningún otro país, pero no garantizan casi nada. Extrañamente, su monto se parece a una de las cifras que los expertos manejan como el total de la deuda basura de los gobiernos locales chinos, equivalente a 3 billones de dólares (millones de millones).

¿Podrá el dragón tener un aterrizaje suave? Ésa es la gran cuestión. Para lograrlo tendría que pasar a una nueva etapa con tasas de 7% sostenibles. Un descenso de sólo dos puntos porcentuales en el PIB permitiría a China hacer los cambios estructurales que necesita, sin dejar de ser un gran generador de riqueza.

No hay garantías. El comportamiento de los mercados de ayer nos da una señal de alerta: si China se desacelera desordenadamente, los efectos se dejarán sentir en todos lados.

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