Que de una vez les quede claro en el Fondo Monetario Internacional (FMI) que si tienen necesidad de sustituir a Christine Lagarde, Agustín Carstens estará muy ocupado durante los próximos años estabilizando la política monetaria mexicana.

La francesa enfrenta problemas con la justicia de su país y ya sabemos que hay algunos casos con los que los galos son implacables, como el de Dominique Strauss-Kahn, quien alguna vez fuera también el poderoso director gerente del Fondo Monetario Internacional.

No había hasta hace unos días nada que se pusiera en el camino de la reelección de Lagarde al frente del FMI en julio próximo. Su gestión como titular de este organismo en plena crisis financiera europea le había hecho ganar el respeto de los socios tanto desarrollados como emergentes.

Y es que cuando lo que se esperaba con la crisis griega era una debacle de la unidad monetaria europea, madame Lagarde, desde su posición de acreedora, contribuyó para que se mantuviera el estatus del euro sin rupturas.

La amenaza para Lagarde no viene, sin embargo, de su paso por el FMI, sino de sus actividades inmediatas anteriores como ministra de economía del gobierno francés. El asunto no es nuevo, lleva años dando vueltas en la política interna gala.

Incluso los cercanos a Lagarde creían que era un tema del pasado, pero regresa justo en el momento en que puede causar un daño al proceso de reelección de la directora gerente del FMI.

La juzgarían por negligencia por un caso del 2008, donde puso fin a una disputa que terminó por beneficiar al polémico empresario francés Bernard Tapie, quien entre otras cosas es muy cuate del ex presidente Nicolás Sarkozy, ex jefe de Lagarde.

Si la francesa queda imposibilitada de buscar su reelección para el verano, habrá necesidad de conseguir candidatos que cumplan con las renovadas cartas de probidad y que además no impliquen un rompimiento del Fondo.

Tradicionalmente es un europeo, ni pensar en un chino, pero puede haber algún emergente que tenga altas calificaciones para el puesto.

Agustín Carstens siempre será considerado como un serio candidato para ese puesto. Y no es por ser envidioso, pero si se lo llevan al FMI, ¿quién llena sus zapatos en el Banco de México para los tiempos más complicados que vienen en materia monetaria?

El proceso de normalización del costo del dinero en Estados Unidos, desde los inéditos terrenos que viene, requiere que los países emergentes sepan cómo conciliar entre los premios que se otorgan a los inversionistas, para que no corran en contra de la moneda, y los topes a las tasas de interés que no pongan en peligro el proceso de recuperación económica. Y todo convenciendo a los agentes económicos de que sí es posible transitar por ese pantano sin manchar el plumaje inflacionario. Y para eso Carstens se pinta solo.

Hay muchos economistas muy buenos y respetables en México, pero la buena fama de Carstens ha sido un proceso ganado con tiempo. Si su proyecto personal lo lleva a otros destinos, ojalá que el Ejecutivo y el Senado tengan la inteligencia necesaria para dejar en ese lugar a un buen sustituto.

Eso ya será el próximo año, pero era inevitable pensar en ello ahora que madame Lagarde cayó en desgracia.