Pocas veces hemos visto una parcialidad como la registrada en los medios a partir de la renuncia de Margarita Zavala como militante del Partido Acción Nacional y el anuncio de su registro sin partido ante el INE para tratar de contender como independiente por la Presidencia de la República y la condena contra Ricardo Anaya; 22 primeras planas en cosa de un mes en El Universal son demasiadas, aun con las justificaciones de su director; valdría la pena ver si personajes como Javier Duarte o el Chapo Guzmán han sido motivo de semejante “distinción”.

No se puede considerar sorpresa ninguna de las dos decisiones de Margarita, ambas las anticipó cuando anunció sus aspiraciones presidenciales, abrir campaña usando el color morado fue con objetivos claros que se confirmaron cuando declaró que estaría en la boleta con o sin el PAN.

En los días recientes Margarita ha pasado por la mayoría de los medios con un halo de pureza e indefensión como pocas veces cuando de política se trata.

Ricardo Anaya, por su parte, pasó de ser el “chico maravilla”, como lo promovió el gobierno peñanietista y algunos periodistas que en aquel entonces lo bienquerían, al más perverso de los políticos del país (que no son pocos).

Ni lo uno ni lo otro. Margarita es una mujer con claras ambiciones políticas; Anaya puede presumir que reposicionó a su partido.

En política no hay impecables, los Calderón traicionaron a Fox, impusieron a tres presidentes del PAN. Madero le dio la espalda a sus contendientes y traicionó a Margarita. Como se sabe, Anaya no le cumplió en la Cámara a Madero.

Ahora bien, es un hecho que Margarita no tiene experiencia de gobierno, como también que su campaña ha sido carente de profundidad, sus mensajes sosos, aburridos, vacíos y con la pura fachada no se gana.

Su esposo ha sido un lastre. A la animadversión que tiene en un sector de la sociedad se ha agregado su constante protagonismo.

Si les gusta comparar y hasta aprovechar la comparación de Margarita con Hillary lo hubieran hecho bien y debieron aconsejarle a Calderón que aprendiera de Bill Clinton; tal vez, y conste tal vez, le hubiera reducido obstáculos a su esposa.

Calderón no entendió que en la política el silencio tiene un gran valor y aportaba más, calladito. Por supuesto, no ayudó que desde hace varios años amaga con crear su partido y menos enfrentándose a los miembros del consejo panista.

Me platican y lo reproduzco con las reservas del caso, que en una reunión que tuvieron en marzo pasado, Margarita consideraba que la lucha era entre dos, no incluía a Moreno Valle; proponía que se resolviera por la vía de las encuestas; Anaya, por elección interna, opción que no le gustaba a Margarita porque estaba consciente de que el presidente tiene la estructura.

Margarita fue más allá y habría dicho que como dominaba las encuestas, si Anaya resultaba presidente se comprometiera a darle la mitad del gabinete y las coordinaciones en las cámaras, a lo que Anaya preguntó: ¿el trato es el mismo para los dos lados? Margarita se negó.

Al final, una y otro han jugado sus cartas desde el poder. Muchos medios y analistas han perdido el equilibrio defendido a Margarita y denostando a Anaya.

Y si al final Margarita está en la boleta y Anaya no es candidato, ¿quién gana?

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.