Ya van dos años consecutivos en que el Congreso aprueba recursos específicos para instalar bebederos en escuelas públicas y es la hora en que no se sabe cómo va ese proceso.

Siendo un tema de suma importancia dados los graves índices de obesidad y sobrepeso infantil, y considerando que el presente gobierno ha colocado como prioridad el combate de la obesidad y diabetes, se entiende que tendría que darse celeridad a un programa para incentivar a los niños y jóvenes a tomar más agua simple en vez de bebidas endulzadas, que en sus propias escuelas están más disponibles.

De por sí costó mucho trabajo, a partir de presiones intensas, que el Legislativo decidiera asignar un presupuesto específico para este fin. Pero finalmente lo hizo. En el 2014, los legisladores definieron cantidades de dinero muy específicas para instalar durante el 2015 bebederos con suministro constante de agua potable en las escuelas de educación básica, primaria y secundaria.

Dentro del presupuesto federal para el año que termina se aprobaron para la instalación de bebederos en escuelas públicas más de 1,300 millones de pesos, que es una proporción de 15% de los 9,000 millones de pesos destinados para el programa de la reforma educativa. Ahora, en el presupuesto de infraestructura aprobado para el 2016, también se destinó un recurso cuantioso para el mismo fin. Para todo el programa de la reforma educativa se aprobó un total de 7,608 millones de pesos. De esta cantidad, 15% se definió para bebederos, que son 1,141 millones de pesos.

Acumulados entre los dos años ya se han asignado más de 2,440 millones de pesos para instalar bebederos en escuelas como parte del programa de la reforma educativa.

¿Pero en qué proporción se han ejercido esos recursos? ¿Cuántos bebederos se han instalado? La Secretaría de Educación Pública (SEP), que lleva Aurelio Nuño Mayer, no lo ha reportado. Tienen razón organizaciones como Poder del Consumidor, Contrapeso y Red por los Derechos de la Infancia, que se preguntan: si no se ha ejercido lo dispuesto para bebederos, entonces, ¿dónde está el dinero?

Y tendría que ser un asunto de importancia, además, porque la disposición de recursos para bebederos fue posible a partir de un nuevo impuesto a la ciudadanía: el impuesto a las bebidas endulzadas, que está generando cuantiosos recursos al erario. Por lo menos tendrían que reportarse los avances en el programa de bebederos para demostrar que en algo está redituando la mayor recaudación específica supuestamente antiobesidad.

La Secretaría de Salud, que encabeza Mercedes Juan, emitió los respectivos lineamientos para instalar bebederos; la Cofemer, que lleva Julio César Rocha, emitió el dictamen final. Se entiende ahora que concretarlo está en manos del Instituto de Nacional de Infraestructura Física Educativa (Inifed), que lleva Héctor Gutiérrez, dependiente a su vez de la SEP. ¿Cuándo le darán importancia al tema?

Movimientos en Silanes

Se ve que Jaime López de Silanes ya tomó ahora sí bien las riendas de Laboratorio Silanes. Al asumir la presidencia tras la inesperada partida de su hermano mayor, Antonio López de Silanes (QEPD), se vienen cambios fuertes al interior de la farmacéutica mexicana de 70 años, una de las de mayor expansión hacia el exterior. En principio, parece ser un hecho que Guillermo Funes ya no continuará en la dirección general de Silanes, que asumió en el 2012, y nos dicen vienen muchos otros movimientos.

Jaime tuvo su primera aparición pública esta semana en la inauguración de la nueva planta con la que Silanes multiplicará por siete su producción de antivenenos. El reto de la nueva administración es consolidar el posicionamiento de Silanes en el camino de la investigación médica como pocas empresas de capital mexicano.