Hola amigas y amigos, soy Modesto Buenrostro conductor de La rifa del tigre; Al pan, pan y a Los Pinos, vino; o Los tres cochinitos y el lodo feroz; nombres con los que el amable auditorio ha titulado este programa donde sabremos quién se queda con la candidatura del PAN a la Presidencia de la República, sin que en este momento pueda yo decirles qué va a hacer con ella el ganador o la ganadora y, por lo que han expresado los tres contendientes, ellos tampoco.

Antes de dar conocer el resultado que los que nos leen ya saben, los que nos ven y escuchan presienten y que yo, créanmelo, ignoro, los invito a que juntos busquemos un nombre para la presea que está en juego. ¿Qué les parece si a la manera de Hollywood­ y su industria cinematográfica bautizamos el codiciado premio con un nombre propio?

Su inmediata respuesta me hace saber que de manera unánime están de acuerdo. Una vez aprobada la moción se aceptan sugerencias para el nombre.

La militancia mística propone, en honor del dislate en el que incurriera durante el segundo debate de la contienda blanquiazul el aspirante de su predilección, que el trofeo se llame Vicente Calderón. Por varios motivos, esto es imposible:

Si dicho nombre se aceptara parecería un acto de favoritismo hacia uno de los competidores. Dos: así se llama un estadio de futbol de la capital española donde juega el Atlético de Madrid. Tres: según sabemos, al escuchar el patronímico Vicente Calderón el público lo relaciona con una bebida de Coca-Cola y ron que cuando se ingiere puede producir cualquiera de estos dos efectos: si predomina el nombre apendeja a quien la toma; si la predominancia es del apellido, el tomador se torna belicoso. En ambos casos el resultado es devastador.

Arriba a mi derecha proponen que el ansiado lauro se llame Efraín en honor de Efraín González Luna, fundador de Acción Nacional y su primer candidato a la Presidencia de la República. ¿Qué dice el público? Levanten la mano los que desean que el galardón que hoy está en disputa se llame Efraín.

La votación a mano alzada indica que el ilustre nombre apenas alcanza 8% de los sufragios, cantidad cercana a 7.82% que el abogado jalisciense obtuviera en la elección presidencial de 1952, cuando se enfrentó al priísta Adolfo Ruiz Cortines y su aplanadora.

Por lo que se ve y se siente, la audiencia partidista desea que el nombre del premio blanquiazul, sin perder la esencia de sus orígenes y filosofía, lleve el nombre de un panista triunfador. Excluidos los nombres Vicente, Felipe y Efraín, el anhelado laurel bien puede llamarse Diego, en honor al litigante Fernández de Cevallos, quien en el proceso electoral presidencial de 1994 obtuviera un honroso segundo lugar, con 25.92% de los votos y un nada despreciable predio en Punta Diamante por sólo guardar silencio durante poquito más de una semana.

Me informa el Comité Nacional de Elecciones del PAN la no procedencia de Diego para denominar al galardón en virtud de que esto podría interpretarse como un acto anticipado de concertacesión electoral.

La supresión, por las razones expuestas, de Diego, Felipe, Vicente y Efraín para motejar la gloria en disputa nos deja con sólo una opción, que el premio lleve por nombre Manuel en memoria del más reconocido progenitor del panismo: el filósofo y abogado Gómez Morín. ¿Se aprueba?

Aprobada, por aclamación, la denominación de Manuel, Manolo, como ya le empiezan a decir de cariño los militantes y adherentes blanquiazules al trofeo que hoy tendrá dueño o dueña. Vamos a un corte y regresamos con la premiación. (El corte es comercial, no de venas por parte de los dos perdedores).

And the winner is...

De regreso con ustedes, querida audiencia, les recordaré el nombre de las tres personas que están nominadas para el Manolo y la narrativa de sus obras por las cuales se hicieron merecedores a estar en la terna.

En la precitada terna están, por orden de aparición, Santiago Creel Miranda, quien a lo largo de su carrera ha ido de más a menos. Luego del segundo lugar alcanzado en la capital con Soy totalmente palacio , tuvo una discreta pero gris actuación durante el sexenio pasado en Casinos en el aire y El sospechosismo , que culminó con su más reciente desempeño en el Congreso, donde coprotagonizó La reforma electoral , actuación que lo llevó a estelarizar la serie de televisión El hombrecito invisible .

La tercia de aspirantes al Manolo tiene aroma de mujer con la inclusión de Josefina Vázquez Mota, la dama de la sonrisa perpetua y enigmática. Todos recordamos su ópera prima, Dios mío hazme viuda por favor , a la que siguió un confuso desempeño en La ciudad más transparente . Su trayectoria continuó con el duelo de actuación que sostuvo con la primera actriz magisterial Elba Esther Gordillo en Domando al sindicato , para proseguir con un perseverante trabajo en Voy derecho y no me quito .

El trío dinámico blanquiazul se complementa con la introducción a la ligas mayores de Ernesto Cordero Arroyo, indiscutible ganador del título de Novato del Año. Recordemos su fugaz paso por la pantalla política que comenzó con el cuento de hadas titulado: Con seis mil pesos alcanza . A pesar de ello fue lanzado al estrellato desde Los Pinos con la comedia de errores: Mi candidato favorito y el melodrama La cargada , cuyo título, en opinión de los críticos, debe de escribirse sin la letra R.

Y la ganadora es, como saben los lectores, supuso el público desde hace meses y yo sabía desde que me dieron el papel de conductor de esta emisión, si lo negué en un principio fue para darle emoción al programa y porque soy político y mentir está en mi naturaleza: Josefina Vázquez Mota.   

Sólo me resta agradecerles a ustedes amigas y amigos, la gentileza de sintonizar esta transmisión dirigida, exclusivamente, a miembros del PAN. Si entre la audiencia hubiera alguien que no pertenece a éste partido se le suplica olvidar lo visto, escuchado o leído.

Prueba del ácido

De llamar la atención el antes y el después del triunfo de Josefina Vázquez Mota en el interior de Acción Nacional. Por medio de los periódicos, el domingo por la mañana, nos enteramos que el proceso amenazaba con convertirse en un cochinero -como es costumbre en el PRD-, con acarreo, coacción y compra de votos -como es tradicional en el PRI-. El mismo día por la noche, a través de la televisión y de la radio nos percatamos que la anunciada guerra de lodo no se dio. O si se dio, no trascendió al ámbito blanquiazul.

Al final del día, los tres contendientes se dieron la mano en presencia del hasta ese momento jefe natural del panismo: Felipe Calderón, y del encargado del despacho: Gustavo Madero, quien expresó: Votamos en libertad y con conciencia .

Habrá que reconocer que con su contienda interna -haiga sido como haiga sido- el PAN manda a la ciudadanía un mensaje democrático al ser el único partido en elegir a su candidato (a) por medio del sufragio de la militancia. Y que ésta se impuso a la injerencia presidencial. Ésa es la percepción.

Otro logro panista, producto de su procedimiento electoral, fue poner al partido, cuando menos en las dos últimas semanas, en primer plano de la opinión pública, con lo cual su candidata tiene una plataforma de despegue más amplia que lo que se pronosticaba.

Toca ahora a Josefina Vázquez Mota superar la prueba del ácido, ésta consiste en desmarcarse del presidente Calderón, imponerse como jefa del panismo y convencer a los militantes de prosapia que tiene el corazón blanquiazul. Lograrlo está café. Por lo pronto, con la formulación de su primera declaración en la noche triunfal del domingo: Voy a ser la primera Presidenta de México en toda la historia del país , demostró que, por su sintaxis, es panista de hueso colorado.