Europa: los mercados mostraron su júbilo el 29 de junio por los resultados de la enésima reunión de líderes europeos. Por fin se aceptó que el Mecanismo de Estabilidad Europea (MEE), que sirve como fondo de rescate para Europa, le preste directamente a los bancos españoles y no al gobierno.

Sin embargo, parece ser que este punto se presta a discusión pues hay la posibilidad de que se necesite cambiar el tratado que haría que la operación se fuera a tiempos lejanos. Además, los tenedores privados de bonos bancarios no estarán subordinados a gobiernos acreedores, un paso importante para el financiamiento a los bancos españoles en el mercado y a tasas menos onerosas.

Sin embargo, esto vale sólo para España y no para Grecia, Portugal e Irlanda y el MEE sigue limitado a 500,000 millones de euros que no cubre ni de broma las necesidades de España e Italia. Asimismo, no se sabe si el Banco Central Europeo (BCE) bajará las tasas aunque es probable que lo haga en julio, compre bonos de los países en problemas o realice una tercera ronda de préstamos a los bancos. Además no habla de eurobonos, que ayudarían a repartir la carga de la deuda. En esto, Alemania es tajante en su rechazo.

Sin duda el resultado representa por fin un avance, lo cual en sí es un cambio de actitud. Resta por ver si Alemania aceptará algo más.

Los dos puntos principales son:

1) Debe haber más avances y con mayor rapidez para que exista más estabilidad. Dado que no es probable que Alemania acepte estos cambios, el problema no está solucionado ni de lejos.

2) Las economías van en caída y no es fácil saber hasta cuando el electorado aceptará esta situación. Lo cierto es que la Canciller alemana actúa en consonancia con el sentir popular en su país por económicamente absurdo que sea. Si el desempleo aumentara en Alemania, debido a la caída de sus exportaciones (40% de su PIB), tal vez aceptara más medidas decisivas como que el BCE replicara lo que la Reserva Federal (Fed) ha venido haciendo en Estados Unidos. Pero aun esto sería sólo un paliativo.

ESTADOS UNIDOS

Los datos destacan que la economía estadounidense ha perdido impulso y bajar las cifras de desempleo suena a una misión casi imposible. La última medida de la Fed (el twist, o sea el cambio de plazo de la deuda gubernamental para estimular la liquidez) fue criticada por tímida. Por otra parte, nadie sabe el efecto que las nuevas regulaciones causen en el mercado. Parece que la liquidez de ciertos mercados se está evaporando, como la deuda corporativa.

Esta tendencia puede dificultar el financiamiento y crecimiento de las empresas. Aunado, toda la cuestión de impuestos está en el aire hasta la elección de noviembre y la división política se relaciona con inmovilidad. Por ello, no parece probable una aceleración del crecimiento.

CHINA Y OTROS PAÍSES

Las cifras de China, que con mucho es la tercera economía que cuenta en el mundo (India, Brasil y otros no se le pueden comparar), muestran signos de desaceleración, por supuesto, relativa ya que su crecimiento sigue en 7.5 por ciento. El impacto en la economía se deja sentir en el sector manufacturero y en la demanda de commodities. Los países que como Brasil dependen de ello han bajado su crecimiento.

México: los europeos están en recesión, los estadounidenses no crecen y los chinos ven desacelerarse su máquina de crecimiento. Esto afecta a nuestro país en forma directa e indirecta.

Como evolucione la economía estadounidense es fundamental para México: exportación de autos y autopartes, envío de remesas, turismo y petróleo son pilares del PIB mexicano.

En forma indirecta, si Europa está en recesión y China disminuye su crecimiento, es claro que también Estados Unidos se ven afectados y por lo tanto también México.

El petróleo es sintomático. En los últimos dos meses cayó más de 20%, debido al ambiente recesivo. Esto afectó a México y el peso se mantuvo en los 14. Esto a su vez afecta la inflación y crea inquietud. El viernes un espectacular repunte de 8% del petróleo disparó en parte una revaluación del peso, aunque hubo factores importantes como una gran entrada de dólares.

Todo esto significa que la economía mexicana es dependiente y como su eficiencia es baja en muchos aspectos, tiene pocos elementos propios para reducir los efectos nocivos del ambiente internacional. No parece que esto vaya cambiar en un sentido positivo, independientemente de quién haya ganado las elecciones.

Es más probable que cualquier cambio económico motivado políticamente sea más bien negativo, dado que lo que se puede hacer a nivel financiero se hace bastante bien y a que no parece haber consenso político para resolver las rémoras estructurales acumuladas en el sistema económico.

Esperemos pues que Estados Unidos y también China y Europa salgan de este ambiente recesivo y deflacionario en un corto plazo.

*Esteban Martina es doctor en Física en la UNAM. Su interés principal ha sido la valuación y análisis de riesgo de activos financieros, especialmente opciones y otros derivados. Actualmente es socio director de PRO Consulting.

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