Todo está dicho, pero como lo olvidamos hay que repetirlo. El problema migratorio mundial se asocia a la vulnerabilidad que tienen los países que viven en el atraso y la violencia. Y como existe una interdependencia entre los países es un problema global.

Ursula Von der Leyen, presidenta electa de la Comisión Europea, acaba de señalar lo siguiente: “Ya hemos visto que la migración no es un fenómeno que vaya a desaparecer y que hay un límite a la capacidad de integración. Al mismo tiempo debemos buscar soluciones humanitarias. Hace años que se necesita un planteamiento global. Requerimos una gran inversión en África para reducir la presión migratoria. Al mismo tiempo debemos combatir el crimen organizado”.

La actitud política de Von der Leyen es diferente a la cantaleta de que hay que cerrar las fronteras y parar la migración. La pregunta es: ¿Hacia dónde se van a ir si huyen de sus países?

El planteamiento de desarrollar África es similar al que ha hecho el gobierno mexicano con el apoyo de la Comisión Económica para América Latina de realizar un conjunto de inversiones en Centroamérica, focalizadas especialmente en la infraestructura, principalmente en los países que integran el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador). De esa manera se evitaría la migración que se dirige hacia Estados Unidos.

La propuesta mexicana no ha tenido una reacción positiva por parte del gobierno de Washington, que aportaría los recursos. Privilegian medidas de contención, lejos del desarrollo económico y social.

Hay evidencias de la vulnerabilidad que representa la migración para los países expulsores de mano de obra: cuentan con gobiernos que no tienen un control efectivo del territorio, son percibidos como no legítimos por parte de sectores de la población, carecen de capacidad de dar servicios básicos a sus ciudadanos, no atacan las causas de los conflictos que pretenden resolver, sino que esencialmente se ocupan del impacto mediático de sus acciones. De los países más vulnerables del mundo, 10 son africanos.

Es difícil que fluya la inversión internacional a estos países. Se necesitan crear las condiciones para que ello sea posible. Mientras tanto, ahí está el apoyo de Naciones Unidas a refugiados. Pero ello sólo es un paliativo.

Europa tiene un modelo migratorio a pesar de la oposición interna. El Acuerdo de la Comisión Europea con el gobierno de Turquía para crear un operativo institucional de recepción y rechazo de migrantes, con el apoyo financiero de la Unión Europea, ha reducido la llegada de migrantes. Quienes ingresan de manera irregular y no tienen derecho de pedir asilo deben regresar. Ello junto a las diversas iniciativas en otros problemas globales. El mundo está pidiendo más Europa. La Unión Europea es un modelo de cómo los estados pueden cooperar para superar conflictos.

Resolver el problema migratorio de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, lejos de medidas represivas, está diferido. Con Trump, no hay una visión generosa y de Estado. Dos acontecimientos lo confirman. Uno, cuando exhorta a cuatro congresistas demócratas de su país a que “vuelvan a los lugares de donde proceden”. Las insulta y revela su idea de país, que olvida que es de inmigrantes. Otro es que no sólo no aportara recursos para apoyar a Guatemala, Honduras y El Salvador, sino que desviará las ayudas que el gobierno norteamericano tenía programadas para estos países para apoyar a la oposición venezolana.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.