El modelo democrático norteamericano tiene como una de sus características que es excluyente, lo que lo hace vulnerable, margina a las minorías.

Para los países latinoamericanos, principalmente México y Centroamérica, se esperaría una solución positiva a la problemática de la inmigración. No se trata de eliminarla porque es mano de obra necesaria.

Los hechos recientes en Estados Unidos llevan a reflexionar sobre su democracia y sus enormes problemas, que la han debilitado como son la disfuncionalidad del sistema político, el racismo violento, la enorme desigualdad de ingresos y riqueza, las ambigüedades en migración, el deterioro educativo, las afectaciones al sistema de salud, el desprecio gubernamental al peligro ecológico y para mayor desgracia, la pandemia, que debido al descuido gubernamental, ofrece un panorama incierto.

El modelo democrático norteamericano tiene como una de sus características que es excluyente, lo que lo hace vulnerable, margina a las minorías. Toda proporción guardada, es como la democracia ateniense, origen del experimento democrático en donde sólo unos ejercían el derecho al voto y se excluía a los demás.

Aún así, la influencia de Estados Unidos en el mundo es incuestionable. Su desarrollo tecnológico, costumbres y cultura popular son motivo de asimilación. Es el llamado “poder suave”.

Su modelo económico, el capitalismo, a pesar de que genera desigualdad influye en el diseño de las políticas económicas de los países, así como en la normatividad que establecen las instituciones internacionales.

Todo el mundo tiene puestos los ojos en lo que sucede en Estados Unidos. Si bien es un modelo vulnerable, es de los menos malos. Hasta 1980 se tenía una robusta clase media que era una alternativa al Estado de Bienestar. Eso se acabó.

Con el triunfo del candidato del Partido Demócrata Joe Biden se propone hacer avances, a pesar de las resistencias. Puede marcar una ruta de renovación. Sobresalen el nombramiento para la vicepresidencia a una destacada mujer de origen negro, el ofrecimiento de regularizar a 8 millones de inmigrantes, realizar una estrategia contra la pandemia, volver a plantear la incorporación de Estados Unidos en la agenda para afrontar el Cambio Climático, apoyando el Acuerdo de París, fortalecer la relación con los antiguos aliados superando los reproches existentes, regresar al apoyo del multilateralismo en las relaciones internacionales.

Todo lo anterior será difícil por los enclaves racistas e indiferencia hacia la sociedad que caracteriza al sistema político, cuyo ejemplo más notorio es la existencia del Colegio Electoral que hace que la elección a la Presidencia sea indirecta a pesar de los resultados diferentes en el voto popular.

Para los países latinoamericanos, principalmente México y Centroamérica, se esperaría una solución positiva a la problemática de la inmigración. No se trata de eliminarla porque es mano de obra necesaria y solicitada por empresas agrícolas y de servicios. Pero regularla en función de la oferta, la demanda y los derechos humanos.

También resultará útil volver a plantear la iniciativa que formuló el gobierno mexicano de realizar un programa de desarrollo económico y social para los países centroamericanos con el propósito de reducir la pobreza y violencia que les caracteriza.

Con todo, resulta importante observar la probable flexibilidad institucional que se lleve a cabo en Estados Unidos para no dejar el futuro en manos del azar, sino de estructurarlo con valentía y prudencia.Asimismo sus consecuencias en los países latinoamericanos para privilegiar la eficacia en las tareas gubernamentales.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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