El novel aeropuerto, es una construcción estratégica que involucra varios mensajes generadores de identidad con las bases de soporte del señor presidente y sus colores.

La construcción de una narrativa sólida, que consolide lo que a voces se repite como tarabilla, requiere de íconos donde se pueda afianzar visualmente los alcances de lo pregonado. Así, el discurso anticorrupción y de ruptura con el pasado, encuentra un ancla, un referente en el que a perpetuidad se apoya el núcleo del presente gobierno federal. El recientemente inaugurado Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles es ese faro; el indicador material claro de una creencia que desde la cuarta transformación indica que toda obra magna del pasado remoto o reciente, es equiparable a esquemas perversos de corrupción y enriquecimiento de pocos. El novel aeropuerto, es una construcción estratégica que involucra varios mensajes generadores de identidad con las bases de soporte del señor presidente y sus colores.

En primer término, rompe con una imagen de fineza o bien hechura, aquella que desde el principio de la gestión federal ha dividido a México en una especie de antagonismo clasista; esa misma idea que hoy permite generar una edificación con rasgos de identidad cuya sencillez se lleva a equiparar a lo austero que, en mucha mejor disposición, es adoptable por el pueblo bueno para quien fue construido.

Por otra parte, fue erigido por la institución que, con justicia, detenta el mayor grado de confianza y admiración concedida en nuestro país. El ejército, en cuyas manos cayó la responsabilidad de una obra, ciertamente permite que el proceso de construcción quede revestido de un halo de incorruptibilidad de origen. Por ello, poco han dañado los señalamientos por opacidad, ni las propias observaciones que la Auditoría Superior de la Federación ha puntualizado en el actuar militar llevado a arquitecto.

En tercer término, el aeropuerto difícilmente será vapuleado por argumentos crecientes de ineficiencia. Su propio ritmo de operación va a propiciar que en los días se diluyan los constantes señalamientos por su complicada accesibilidad terrestre, o por la demora o incomodidad de sus usuarios. En un universo en donde solo se cuenta con ocho vuelos diarios, y en el remoto caso que los vuelos locales con los que actualmente se cuenta estén al 100% de ocupación, no estamos hablando de un universo tan extenso como el que se mueve en los confines del Aeropuerto Internacional Benito Juárez. Es más, la continua denuncia de ineficiencia y saturación de este último por sus más de 850 operaciones diarias, es bálsamo para remarcar la visión y oportunidad con la que se le dota a México de una obra como el Felipe Ángeles.

Finalmente, el presidente es nuevamente dueño de la agenda nacional y del diálogo que de la misma deriva. Si bien se había caído en una hondonada incómoda por los temas que en el aire se ventilaron, hablar de las felicitaciones, las loas, las virtudes y las bondades por el nuevo aeropuerto, darán para mantenerse en esa ruta de diálogo hasta que llegue la nueva frontera; la revocación de mandato.

Twitter: @gdeloya

Guillermo Deloya Cobián

Analista en temas de política

A media semana

Guillermo Deloya Cobián es oriundo de Puebla, licenciado en derecho, con especialidad en derecho fiscal, maestro en economía y gobierno y doctor en planeación estratégica y políticas de desarrollo. Actualmente cursa la maestría en escritura creativa en la Universidad de Salamanca.

Es articulista y comentarista en diversos medios de comunicación nacionales y locales, ha publicado ocho libros, además de diversos ensayos en temas que van desde lo económico, político y jurídico, hasta una novela histórica ubicada en el siglo XVIII.

Es comentarista y analista en temas de política, economía y jurídicos en ADN40.

Ha desarrollado una constante actividad docente como profesor universitario tanto en Puebla como en la CDMX.

Cuenta con una trayectoria en el sector público de veintiocho años donde ha ocupado cargos en los ámbitos federal y estatal, en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en la Procuraduría General de la República, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, en el Consejo de la Judicatura Federal y el Gobierno del Estado de Puebla, fue Coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, INAFED, de la Secretaría de Gobernación y ha ocupado diversos cargos partidistas.

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