En este periodo electoral hay quienes utilizan la compleja situación económica de los mexicanos, las pésimas expectativas que existen y lo difícil que se avizora el futuro de México como banderas electorales, prometiendo un cambio, pero con soluciones inviables en todo sentido. Si bien es una realidad que el poder adquisitivo de las familias se ha incrementado muy raquíticamente, debemos preguntarnos si la solución se encuentra en que el Estado fije los precios de algunos productos en la canasta básica, medida que ha probado ser fallida.

Históricamente, el periodo de mayor prosperidad global se vivió de 1954 a 1970, durante una época que el economista Angus Maddison denominó “La Edad de Oro del Capitalismo”, mejor conocida por nosotros como el “Desarrollo Estabilizador”. En este periodo, las principales economías del mundo tuvieron un crecimiento próspero y sostenido, y nuestro país no fue la excepción. Aprovechamos importantes áreas de oportunidad que surgieron en sectores como el comercio, inversión, turismo y créditos, variables que nos permitieron crecer y, sobre todo, mantener la estabilidad de precios internos.

La intervención estatal de aquel entonces funcionó principalmente porque después de la Segunda Guerra Mundial había una enorme escasez de productos, y los mercados no estaban tan globalizados como ahora. Sin embargo, este modelo tendría grandes limitantes; la primera es que fijar un precio por decreto gubernamental implica que los sectores que producen por encima de éste deben recibir un subsidio; y los que producen por debajo del precio pactado ya no tienen incentivos para seguir siendo eficientes; en ambos casos, la industria productiva pierde competitividad. En consecuencia, un país con un esquema de productos subsidiados requiere aumentar los impuestos, endeudarse o imprimir más dinero. En todos estos escenarios, la consecuencia inminente es el desequilibrio presupuestal y la inflación desbordada.

Dos ejemplos recientes son Argentina y Venezuela, ambos países comparten semejanzas que deben alertarnos sobre lo que puede pasar en caso de implementar dichas medidas en nuestra política económica. Controlar los precios de los bienes, para “ayudar” a los más necesitados, se transformó en una especie de impuesto regresivo a los empresarios que eran competitivos, generando un desincentivo a la inversión en la producción nacional, y por tanto, escasez, inflación galopante y una importante expansión del mercado negro como única fuente para conseguir bienes. En otras palabras, se socavó por completo el funcionamiento de la economía, y los más afectados han sido, paradójicamente, los que menos tienen. Como bien señala el diario británico The Economist, los gobiernos de Argentina y Venezuela entregaron buenas cuentas sólo al principio de sus mandatos, con mayores ingresos y mejores condiciones de vida para sus habitantes, sin embargo, estos beneficios resultaron cortoplacistas e insostenibles.

México ha enfrentado retos importantes; levantarse de los modelos restrictivos, cerrados y extremadamente controlados nos costó duras lecciones, pero, después de muchos tropiezos, hoy formamos parte de una economía global, dinámica y vigorosa, con fuertes expectativas de crecimiento a partir de reformas como la energética, de telecomunicaciones o las diferentes Zonas Económicas Especiales en el sur-sureste.

Sé que el camino no es sencillo, pero debemos analizar y buscar el beneficio sostenible a largo plazo; no dejarnos llevar por la desesperación, y en consecuencia avalar decisiones con resultados inmediatos, pero de poco alcance. Consolidar el México que sí es posible para las futuras generaciones debe ser nuestra obligación, y para ello debe haber un plan viable, y no ocurrencias del pasado.

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

* Candidata a Diputada Federal Plurinominal en la Tercera Circunscripción Electoral por el Estado de Tabasco y expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.