Casandra adivinó la llegada de los griegos para destruir Troya. Y no le hicieron caso.

A un mes, la seguridad de Occidente se asoma al precipicio si gana Trump. Éste admira a Putin y su liderazgo mafioso, con ideas de grandeza y dureza que proceden de los Romanov; a Farage, que dirigió el movimiento Brexit en Inglaterra, lo que significó fracturar la unidad europea, y a Le Pen y su xenofobia francesa. En el interior del país es el primero en flirtear con la idea de la supremacía blanca amenazando a la población afroamericana, mexicana y de Centroamérica, entre otras, mismas que aportan trabajo e impuestos.

Ha sido Trump el que ha capitalizado el odio hacia los otros difamando, agrediendo, incitando a la violencia. No tiene el manejo de una propuesta socioeconómica alternativa sino una ideología primitiva y anacrónica.

La posición de Trump y de otros nacionalistas encuentra aliento en la precaria situación económica internacional. En su visión no son los ricos, los banqueros, las trasnacionales ni el austericidio la causa de la debilidad económica, sino los migrantes y los acuerdos de libre comercio. Por eso plantean el aislacionismo, las barreras a la inmigración y el proteccionismo.

La retórica incendiaria de Trump le ha funcionado porque oculta su ignorancia y logra desatar los bajos instintos de una población de alcances limitados. También, revela las fragilidades de la sociedad, el gobierno y las instituciones políticas. Tiene el apoyo de importantes empresas y bancos, de gobernadores estatales. Algunos de éstos han declarado cínicamente que lo que Trump ha propuesto no se realizaría, por no convenir a las relaciones de poder. O sea, parecería que son un simulacro.

Para nosotros los mexicanos, la idea del muro en la frontera es una inmoralidad, falta de respeto y evidente desprecio a un país vecino y a su población, que nos hace recordar el triste episodio histórico del siglo XIX, cuando nos invadieron para quitarnos la mitad de nuestro territorio.

Si ocurre el triunfo de Trump, se modificarían los actuales tratados comerciales para dar cauce al proteccionismo. Y los proyectos de comercio transatlántico (TTIP) y el Acuerdo del Pacifico (TPP) no prosperarían. Si no ocurre, ya quedó dentro del sistema político el espacio para la extrema derecha que antes era impugnada por sus excesos peligrosos para la democracia estadounidense.

Para México, hay cinco grandes problemas si llega Trump: 1) posible afectación con aranceles a la exportación de México hacia Estados Unidos; 2) un eventual impuesto en Estados Unidos a las remesas que envían los trabajadores mexicanos; 3) la expulsión de millones de compatriotas que regresarían al país al desempleo; 4) eliminar los beneficios que estamos teniendo con el TLC, y 5) deterioro del tipo de cambio.