Mientras en el país existen 4.9 millones de casas sin habitar, casi 12 millones de familias pobres carecen de vivienda digna. Por esto, el Presidente de la República ha enfatizado que su gobierno apuesta por el mejoramiento y ampliación de la vivienda como una forma de avanzar en el segundo (Combatir la pobreza y reducir la desigualdad) y cuarto ejes (México próspero con crecimiento económico) de su política.

La política pública de la vivienda está agotada. Los grandes desarrollos urbanos –tinacolandia- han mostrado que ese camino no lleva a dotar de vivienda a los millones de no asalariados. Durante los últimos cuatro años, las desarrolladoras líderes del país han visto gravemente afectado su negocio. Además, su acceso al crédito se ha cerrado ante las perspectivas negativas del negocio. En el 2012, los créditos otorgados disminuyeron 35% y, para el 2013, las expectativas de crecimiento apenas alcanzan 4.1 por ciento.

La crisis de vivienda radica en ignorar los datos que nos ofrece la realidad. Mientras que se piensa que la mejor forma de atacar el déficit es construir más y más casas, el censo del 2010 nos hace saber que 65% de las viviendas fue construido por la gente con su propio esfuerzo. Pero estas viviendas tienen muchas limitaciones y requieren un mejoramiento asistido. Precisamente aquí entra el programa de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi), Producción Social de Vivienda Asistida (PSVA), que ha mostrado sus virtudes en pequeña escala.

Primero, decidió aliarse con organizaciones de la sociedad civil sin vinculación política que comprobaran probidad y experiencia, con raigambre, legitimidad y profesionalismo. Los resultados en sus territorios son impresionantes.

Segundo, aceptó que las familias con necesidades de vivienda tuvieran una voz y una opinión para mejorar su vivienda. Ellas deciden qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo.

Tercero, condicionó el subsidio a que tuvieran un ahorro previo y un crédito, lo que provocó una corresponsabilidad en los participantes, quienes han respondido sorprendentemente bien a sus compromisos crediticios. La cartera vencida de este sector se encuentra prácticamente en cero, lo que muestra que es posible diseñar subsidios inteligentes, que corresponsabilizan a la población.

Cuarto, estableció que todo subsidio debería ser supervisado. La desviación del subsidio ha desaparecido prácticamente.

La evaluación externa realizada al programa ha destacado que un elemento fundamental ha sido precisamente el apoyo técnico y organizativo que exige el programa.

Frente a este panorama, es evidente que los desarrolladores de casas no lo ven con buenos ojos. Su argumento es que la industria de la construcción ligada a la vivienda es un detonador de procesos económicos necesarios para reactivar el dinamismo económico que el país requiere. Sin embargo, la PSVA también detona procesos económicos, pero a nivel microrregional, pues la ocupación de mano de obra local se incrementa, los pequeños negocios vinculados a la construcción se reactivan y, sobre todo, está demostrado que cada peso invertido en la PSVA tiene efectos multiplicadores en la economía local: los costos de producción se reducen significativamente en comparación con la producción industrial; se estimula la aportación de la mano de obra individual y colaborativa (la mano vuelta); se construye en terrenos propios; desaparecen los costos indirectos... Es decir, con el mismo presupuesto, bajo la PSVA salen del rezago habitacional muchas más familias que bajo el modelo industrial.

Quizá todavía más relevante que los aspectos económicos es el potencial que tiene la PSVA para contribuir a un desarrollo humano, pues pone en manos de la gente decisiones que difícilmente tendría que tomar si no existiera este programa. Como bien se sabe, no hay como lo que uno hace, como uno lo hace y cuando uno lo hace. No está por demás mencionar que, para las mujeres, este programa ha constituido una oportunidad más de un gradual empoderamiento, de autoestima y de recreación de los vínculos familiares y locales.

La Conavi tiene una oportunidad única para apoyar la política presidencial de Enrique Peña Nieto. Si en el 2012 se destinaron a la PSVA 1,000 millones para realizar 40,000 acciones de vivienda, en el 2013 los actores involucrados en la PSVA están dispuestos a más que duplicar las acciones con un presupuesto cercano a los 2,000 millones. Mientras más pronto se opte por este camino, seguramente, las condiciones para una vida más segura también se estarán sembrando.

*Experto en microfinanzas. Coordina ?Cosechando Juntos lo Sembrado SC.

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