Era un mensaje a medios , pero la primera fila del salón de la casa presidencial en el que Enrique Peña Nieto presentaría las ocho acciones ejecutivas con las que quiere eliminar cualquier suspicacia sobre su ejercicio del poder estaba reservada.

El presidente de la República pasó al frente, acompañado por su vocero, Eduardo Sánchez, y por el nuevo secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade Martínez. Y a la hilera semivacía llegaron los principales integrantes del staff de Los Pinos. En un extremo, Francisco Guzmán Ortiz, coordinador de asesores de la Presidencia, y Andrés Massieu, coordinador de imagen. En el otro, Aurelio Nuño y David López. Junto a ellos decide quedarse Erwin Lino, secretario particular de Peña Nieto. Y en medio, el subsecretario Julián Olivas Ugalde, quien ya había dejado de fungir como encargado de despacho de la SFP.

Una ceremonia fugaz -apenas 28 minutos- y con ajustes de último minuto, notorios en el momento en que el nuevo secretario rindió protesta al cargo (el presidente ordena a su vocero recorrer la bandera y los pedestales), pero sobre todo, una frase fuera de micrófonos que se volvió viral - ya sé que no aplauden , dirigida a los reporteros de la fuente- opacan la corrección del rumbo en materia de rendición de cuentas emprendida por el gobierno federal. El nuevo titular de la SFP llega al cargo con dos años de retraso, aunque con el respaldo absoluto del Ejecutivo federal, sobre todo por su desempeño de los últimos meses. El rescate del portal del Registro Federal de Trámites y Servicios -que estuvo deshabilitado durante algunas semanas, en el último trimestre del 2014- es un mérito que le reconocen tirios y troyanos, sobre todo por los millonarios contratos, asignados a las empresas integradoras que fallaron en la construcción de la plataforma. Lector acucioso de Max Weber y Václav Havel, Andrade Martínez forma parte de una ilustre generación de alumnos del ITAM a la que también pertenece Abraham Zamora, recién designado director de Banobras. Y junto con el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, hace 25 años formaron parte de la representación estudiantil. De aquellas épocas también data su militancia priísta.

El abogado itamita completó su formación académica en SIPA, en Columbia University, tras de haber trabajado en Los Pinos, con Ana Paula Gerard y Emilio Zebadúa. A partir de 1999 inició una modesta carrera en el servicio público, cuando la invitación que le hizo el entonces oficial mayor de Gobernación, Gerardo Cajiga, para fungir como su coordinador de asesores. De allí iría con José Antonio Meade Kuribreña, a Banrural, y simultáneamente daría clases en el departamento de Ciencia Política del ITAM. A principios del 2003 formó parte del grupo de expertos que desde esa casa de estudios revisó el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe). Era un regreso a sus orígenes, pues su trabajo de tesis en la licenciatura justamente era sobre derecho electoral. En octubre de ese año, a propuesta de Miguel Ángel Jiménez -otro antiguo compañero del ITAM- su nombre apareció en la lista de consejeros electorales que Elba Esther Gordillo negoció con el PAN y el PRD. Luis Carlos Ugalde se convirtió en consejero presidente, pero Andrade logró un asiento en el Consejo General con el aval del PRI.

Gracias a muchas personas y a la confianza de quienes estaban participando en la vida pública y de amigos en general es que recibí esa responsabilidad , aceptó en una entrevista que concedió a un órgano de difusión del ITAM en el 2012, para este tipo de cargos es importante tener las trayectorias enlazadas siempre con las personalidades que toman decisiones respecto de esos nombramientos .

Andrade se incorporó al equipo peñista en la etapa de la transición. Y junto con otros condiscípulos del ITAM -entre quienes estaban Andrés Antonius, Fernando Galindo, José Ignacio Peralta y Emilio Lozoya Austin- trabajó bajo la coordinación de Luis Videgaray en la preparación del Plan Nacional de Desarrollo y los proyectos estratégicos que sustentaría la nueva administración.

Entonces ya se perfilaba la creación de un sistema nacional contra la corrupción. En el Pacto por México quedó empeñada la palabra presidencial para instaurar un Consejo Nacional para la Ética Pública, como órgano consultivo, y crear la Comisión Nacional Anticorrupción, mediante una reforma constitucional. En tanto, el Ejecutivo federal enviaba la iniciativa de ley correspondiente, Julián Olivas quedó encargado del despacho de la Secretaría de la Función Pública.

El gobierno federal y los partidos privilegiaron las reformas con impacto económico -en los rubros de energía y telecomunicaciones-, lo que marginó al maestro Andrade del primer círculo peñista. Videgaray lo impulsó para alcanzar la presidencia de la Comisión Nacional para la Mejora Regulatoria, donde cumplió con discreción y atingencia.

En su primer discurso como secretario de la Función Pública, Andrade Martínez aseguró estar consciente de la exigencia social para cerrar espacios a la corrupción y a los conflictos de intereses, pero supeditó el éxito de su gestión al cumplimiento de las ocho acciones ejecutivas cuyo principal defecto radica en tratar de acallar las suspicacias, mas no afrontar un problema estructural.