El comportamiento de los mercados es el mismo de aquellos días del 2000 y de los momentos previos a la crisis financiera del 2008. Son irracionales

En Estados Unidos está fresco el recuerdo de la burbuja tecnológica que estalló a principios de siglo y que provocó un replanteamiento total de las empresas puntocom.

Los mercados adelantaban ganancias extraordinarias para un negocio pujante vía Internet, sin tomar en cuenta la baja penetración entre la gente de la cultura on line y sin considerar que las bajas velocidades de conectividad hacían muy difícil el éxito de un sitio que tardaba varios minutos en descargarse.

Hoy, que las velocidades estándar de Internet en los países desarrollados están arriba de los 10 mbps y que los precios de la gasolina han incentivado las compras a distancia vía las páginas digitales, la cosa ha cambiado.

Pero, ¿es posible que otra vez los mercados hayan adelantado demasiadas vísperas para este negocio? Por lo pronto, los precios de las tecnológicas que cotizan en el Standard and Poor’s 500 muestran su precio más bajo desde 1998 con base en su relación precio-EBITDA.

Los expertos quieren encontrar explicación en estos niveles tan bajos en el hecho de que apenas durante el segundo mes del año los precios de los papeles de las empresas de tecnología mostraron su nivel más alto y en que los mercados bursátiles han tenido unas jornadas de miedo, con bajas muy importantes.

Pero lo cierto es que hoy la apuesta a las empresas tecnológicas divide las opiniones.

Hay quien cree que una de las mejores operaciones que ejemplifican cómo las empresas tecnológicas regresaron a niveles peligrosos está en la cantidad que Microsoft pagó por la empresa Skype. Y es que 8,500 millones de dólares no hicieron sentido a muchas personas.

Hay quien encuentra en esa operación un sobreprecio obligado por el mercado que hoy con las bajas no se justifica.

Otra operación que despierta las suspicacias y los temores de una nueva burbuja puntocom son los precios de las acciones de LinkedIn, esta empresa de vínculos profesionales que tuvo incrementos desproporcionados en los merados neoyorquinos en su operación.

Un aumento en el precio de estas acciones de 45 a 84 dólares en pocos minutos hizo recordar a más de uno cómo subían las acciones en el boom de las puntocom.

En aquellos días así subían los precios de las acciones, hasta que el declive los llevaba a valer sólo centavos.

En la parte del hardware la apuesta de firmas como el Bank of America es que las compañías estadounidenses aumentarán en 10% su gasto en computadoras y aplicaciones informáticas para ampliar la eficiencia de sus procesos y reducir costos.

Esto implicaría un incremento en los beneficios de las empresas tecnológicas 35% arriba del resto de las empresas en el mercado.

Las condiciones han cambiado para estas empresas, no hay duda. Pero el comportamiento de los mercados es el mismo de aquellos días del 2000 y de los momentos previos a la crisis financiera del 2008. Son simplemente irracionales.

Así que un poco de precaución en esos mercados que ofrecieron ganancias importantes y que hoy corrigen de forma importante es algo recomendable.

La primera piedra

Uno de los mayores daños a la industria turística nacional se da por la falta de competencia en la industria aérea.

Las aerolíneas sobrevivientes al estado de coma de Mexicana de Aviación han encontrado su mina de oro en las tarifas. Los clientes tienen que pagar incrementos muy importantes en los costos del pasaje si es que quieren volar.

Pero en tierra también hay abusos. Ante la caída en la recaudación de los grupos aeroportuarios por la salida del aire de Mexicana, se han desquitado aumentando sus tarifas a los pasajeros.

Por ejemplo, pocos usuarios saben que las revisiones, muchas veces malhumoradas, del personal de seguridad de los aeropuertos se lo cobran a los pasajeros.

O sea que los que menos pierden son los empresarios, en el aire o en la tierra le cargan al pasajero la falta de competencia en una industria en la que hay barreras importantes de inversión.

Si permitieran como en otros negocios una participación mayor de capitales extranjeros, seguro que habría una ganancia para los clientes. Y de eso hoy sobran evidencias.