Afalta de elecciones locales relevantes, la atención electoral estará concentrada en la renovación de las dirigencias nacionales del PAN y del PRD, ambas previstas para el primer semestre del año.

Y, a juzgar por los hechos, los conflictos internos de la izquierda y derecha podrían dejarle la vía libre al PRI rumbo al 2015.

En ambos bandos, las fortalezas parecen seguir del lado de las actuales cúpulas partidistas, pero ni Gustavo Madero ni los Chuchos enfrentarán procesos tersos.

Del lado del PAN, sigue causando estragos la incapacidad de procesar la derrota del 2012. La pugna entre el ex Presidente Calderón y el Presidente de su partido sigue creciendo, junto con la fractura en las bancadas albiazules en el Congreso.

Es larga la lista de agravios y el cobro de facturas del calderonismo a la dirigencia maderista: por la derrota electoral, por la firma del Pacto por México, por la colaboración con Enrique Peña y el partido oficial.

Sin embargo, no obstante la embestida liderada por Ernesto Cordero, Madero ha logrado mantener el control del partido y de los procesos internos que eventualmente permitirían su reelección.

Del lado del PRD perdura el desafío de cómo articular un frente común al PRI y fortalecerse sin el respaldo que AMLO reiteradamente les ha negado.

Cárdenas y Ebrard así como el ala dura perredista , empeñados en jalar la marca a la izquierda, frente a la dirigencia de Zambrano que no ha podido capitalizar las evidentes conquistas atendidas en el Pacto por México y plasmadas en la reforma fiscal, la de telecomunicaciones, la de competencia y la político-electoral.

El problema para la oposición es que los pleitos internos son un distractor que incide en las labores parlamentarias y potencialmente repercutirá en su desempeño electoral. Los resultados de la pasada elección intermedia (2009) podrían servir de referencia.

El PRD, que era segunda fuerza en San Lázaro, perdió 55 diputados (pasó de 126 a 71) y el PAN, con todo y la Presidencia, perdió 64 (pasó de 206 a 142). La condición de primera mayoría, la obtuvo el PRI.

Por lo pronto, la afectación institucional no es menor.

La energía desperdiciada en las contiendas partidistas pone en riesgo los contrapesos legislativos y la calidad de la legislación secundaria, indispensable para implementar las reformas estructurales.

La suerte para el PRI es que, sin necesidad de pelearse, le están despejando el camino.

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