Historias distintas marcadas por el autoritarismo y la represión en continentes distantes. Venezuela y Ucrania son dos focos rojos que arden frente a los ojos de una comunidad internacional que observa con temor e indiferencia según el caso.

Decía Thomas Jefferson que la batalla por la libertad es una tarea permanente, nunca termina. A un año de la muerte de Hugo Chávez, Venezuela vive uno de los peores momentos. La combinación fatal entre locura, ignorancia y arrogancia de Nicolás Maduro, sumada a la indiferencia de los países que observan sin condenar y sancionar enérgicamente, genera un escenario oscuro en el futuro inmediato. La batalla por la libertad la están dando millones de venezolanos que sufren la violencia en las calles y la represión de chavistas dentro y fuera del gobierno. El desastre social, económico y político ya rebasa a un gobierno que no sólo es incapaz de contener la violencia, sino que la promueve.

La ignorancia de Maduro también está quebrando la economía de raíz. Prueba de ello es la creciente inflación y el control de divisas que cada día genera mayor desabasto y escasez de todo tipo de bienes. Frente a este caos que parece no tener fin, los países vecinos en América Latina guardan silencio; lo mismo la OEA, en donde la indiferencia parece convertirse en una especie de complicidad.

Del otro lado del Atlántico, la Unión Europea ha jugado un papel importante en Ucrania, pues no puede darse el lujo de perder una pieza clave de su rompecabezas. Al igual que Venezuela, las calles de Kiev han sido testigo de una generación que se niega a tolerar el abuso de un gobierno represivo. En la lucha por la libertad, los ucranianos enfrentan un gran dilema: ser europeos o rusos.

A diferencia de Venezuela, el presidente Víctor Yanukovich, de Ucrania, fue presionado por la comunidad internacional para cesar la represión. Tras su destitución por el parlamento, Ucrania está en riesgo de permanecer bajo otro tipo de autoritarismo, pues el presidente ruso, Vladimir Putin, no está dispuesto a perder su dominio y ceder Ucrania a los europeos. Entrar a Crimea ha sido el primer paso.

Guardando toda proporción, Venezuela y Ucrania son ejemplo de una lucha que no distingue geografía, razas o edades. El deseo de vivir en libertad termina imponiéndose frente a gobiernos autoritarios.

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