La vida se protege a sí misma ,

G. Elmann, L’Impensable

El singular -usted, él, ella- va a gran velocidad. Energía de las neuronas, de sus conexiones, las sinapsis, del pensamiento que involucra todo el cuerpo. Esa velocidad crea y destruye. Genera nuevas células y programa las que mueren. Eso es la edad. Eso es la creación, de ideas, cosas y objetos impensables, una torre de Babel que llegue hasta el cielo, un túnel de la Supervía Poniente del Distrito Federal que lo conduzca hasta Cuernavaca, Acapulco y al mar sin fin. 

Torbellino creativo-destructivo en el no equilibrio. Si lo creativo no tiene salidas, domina lo destructivo. Como ese muchacho Lanza, de Newton, en Connecticut, que se puso a matar niños, pero antes asesinó a su madre. Como los delincuentes de todo género que no han encontrado los senderos de la creatividad y toman los de la destrucción, la aniquilación y la crueldad con los otros.

Creación-destrucción. Movimiento aleatorio en un campo de fuerzas. El singular se autoenciende y, según los entornos en los que se mueve, va en un sentido u otro. La familia es el primer ámbito de prueba de hasta dónde puede llegar.

Luego, en el vivir-juntos, para mantener el ritmo de cercanía y lejanía de los que el azar ha llevado al lugar en donde viven, o sea, para que no se maten entre ellos, los gobiernos tienen que construir plataformas de conducción y lanzamiento de la velocidad de todos ellos.

La prevención de la delincuencia consiste en abrir estaciones de recarga de energía para desplegar la velocidad creativa. Lo demás es blablá, esterilidad. Ni modo que le instalen un chip de control a cada singular. Las estaciones de recarga de energía son: escuela, trabajo, espacios urbanos rítmicos, musicales.

Por tanto, deducción de un axioma de sentido común: la única prevención estrategizable de la delincuencia es una economía en crecimiento rápido. El singular es el singular.

Es y va en el devenir. Frente a él, los gobiernos tienen el deber de ofrecerle posibilidades creativas: trabajo en todas sus modalidades. Ahí se califica la función del Estado, las instituciones y las leyes. El gobierno no tiene más finalidad que proveer a los singulares de plataformas para la creatividad. Si el vivir-juntos cae en la pesadez, sobreviene la violencia. Si lento, se produce desorden. Eso sucede ahora. Mover las cosas, entonces, para que cada singular sea creativo.