Ahora que se realizó en Acapulco, Guerrero, la primera reunión de las cinco agencias sanitarias certificadas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), como que no quedó totalmente aclarada la importancia de que se pongan de acuerdo los países latinoamericanos en materia de regulación sanitaria.

Pero si uno analiza bien es evidente que el significado de dicha reunión va mucho más allá de lo sanitario, pues se dijo abiertamente que la conformación de una red de reguladores sanitarios en el continente americano busca reducir los riesgos a la salud de sus poblaciones a un menor costo a través de la cooperación internacional, y ello tiene necesariamente un sentido comercial e industrial que los empresarios proveedores del sector salud ya están vislumbrando.

Y lo están viendo preocupados porque saben que al existir coordinación y cercanía entre reguladores sanitarios que son los que autorizan la salida al mercado de los productos para la salud no sólo habrá mayor competencia regional para abastecer los mercados de los distintos países de la región latinoamericana, sino que significará seguramente asegurar calidad y eficacia en sus productos sin importar el nivel de desarrollo del país donde los vendan y, más aun, deberán ir hacia precios incluso más competitivos, mismos que de por sí se han reducido ante las presiones presupuestales de las economías en todo el mundo.

Así, por ejemplo, una farmacéutica que tiene la venia de Cofepris podrá ir a vender sus medicamentos a cualquier otro país que confíe en la autorización de Cofepris, pero ya no sucederá que lleguen a países de menor desarrollo como en Centroamérica con medicamentos más baratos pero de menor calidad porque, bajo el nuevo esquema, esas economías estarán siendo de cierta manera protegidas por los países con mayor estructura regulatoria. Lo que sí está por verse es si llegará el momento en que haya compras de varios países en bloque y que, por decir algo, lo que el sector salud de México llegue a licitar sea no sólo para los pacientes mexicanos, sino para varios países. Eso es lo que la industria ve difícil, pero las autoridades sanitarias lo ven como una opción a futuro.

El punto de que la Organización Panamericana de la Salud certifique a una agencia sanitaria es crucial en este escenario. Porque una agencia certificada por la OPS como ya lo son las de México, Cuba Colombia, Brasil y Argentina, reunidas el viernes en Acapulco implicará que sus autorizaciones de vacunas y medicamentos sean válidas para comercializar más allá de las fronteras e incluso así como se ve nos dirigimos a autorizaciones de dimensiones continentales.

Por eso no es gratuito que las agencias de Estados Unidos y Canadá (la Federal Drug Administration y Health Canadá), que se identifican como más avanzadas en excelencia regulatoria, se sumaron al grupo de los cinco países mencionados y buscarán ser también certificadas por la OPS para formar parte igualmente de la Red de Agencias Sanitarias en el continente americano.

Lo acordado fue que se reforzarán las capacidades regulatorias de los integrantes de la red, se incrementarán los proyectos de cooperación técnica y diseñarán una estrategia conjunta de comunicación y difusión.

El que esta reunión se haya realizado en territorio mexicano también habla del liderazgo de nuestro regulador sanitario, Mikel Arriola, quien fue el anfitrión en Acapulco y en su momento ante sus homólogos expuso el caso de México que evidencia cómo sí es posible convivir en un escenario de absoluto respeto a la propiedad intelectual con la ágil autorización de moléculas innovadoras y simultáneamente una política de impulso a los genéricos que en México se ha desarrollado a una velocidad no vista en ningún otro país.

Twitter: @maribelrcoronel