En el siglo pasado lo normal era que el médico iba a la casa del enfermo. Lo vemos en películas que reflejan aquella época y lo ilustra muy claramente la exitosa serie de televisión británica Downton Abbey, donde el médico del pueblo va y viene visitando cada día las casas de sus pacientes y mantiene un seguimiento hasta su recuperación.

Muchos factores debieron haber transformado las cosas; quizá el avance de la tecnología o la construcción de grandes hospitales terminaron conformando una medicina donde el paciente debe ir a donde el médico.

Así está hoy estructurado el sistema. El problema es que para el tipo de enfermedades que hoy más se padecen -las crónico-degenerativas como diabetes, obesidad, hipertensión y otros males cardiovasculares, así como muchos cánceres-, nuestro sistema de salud pública no está acorde a las necesidades.

Vemos al paciente con complicaciones en salas saturadas esperando durante horas a ser atendido por un médico que le dedicará un tiempo insuficiente para darle citas muy distanciadas. No es culpa de los médicos, la situación es compleja y así los obliga a actuar el propio sistema, donde deben atender a muchas personas. Aparte, el paciente común va al médico cuando ya está en crisis, no para prevenir o para una revisión periódica.

El sistema está diseñado para atender enfermedades de pacientes agudos que se resuelven en el momento, infecciones respiratorias, problemas digestivos, fiebres (eran nuestros problemas de salud hace unas décadas), no para atender las enfermedades crónicas de hoy.

Parte del problema es que las instituciones están muy orientadas a dar respuesta intramuros, dentro de sus clínicas y hospitales. Algunos sistemas públicos de salud en otros países ya prescriben por teléfono, por ejemplo.

Las autoridades de la Secretaría de Salud, que capitanea la doctora Mercedes Juan, tienen claro que el reto hoy en México es cambiar a profundidad el enfoque de la atención médica y el cuidado de la salud. Que la medicina sea más anticipatoria, y ser más extramuros, no quedarse esperando a que el paciente llegue cuando ya no puede más.

Implica un trabajo más comunitario. Lo que está claro es que esta reorientación del modelo de medicina en México hacia un estilo extramuros no implica necesariamente cambiar las leyes, sino más bien reorganizar aspectos operativos. Para este tipo de cambios no falta una reforma legislativa, porque ante todo implica cambiar de mentalidad de quienes integran el sistema de salud, y no sólo de médicos y enfermeras, sino de todos los profesionales que trabajan en el ámbito de la salud.

Hay ejemplos que generan gran expectativa. En la ciudad de México, la Secretaría de Salud, encabezada por el doctor Armando Ahued, empezó hace unos meses con el programa Médico en tu Casa, buscando atender y vigilar a mujeres embarazadas que no acostumbran tener un control prenatal. Se empezó con recorridos de médicos en las delegaciones Iztapalapa y Gustavo A Madero, y a la fecha se han agregado 4,000 mujeres que reciben atención especial por su embarazo, en su mayoría menores de edad o muy jóvenes.

Los resultados de dicho programa han llamado a tal grado la atención que otras instituciones como el ISSSTE, de Sebastián Lerdo de Tejada, y las secretarías de salud de Veracruz, Oaxaca y el Estado de México consideran replicarlo. De hecho, es candidato junto con otros dos programas de salud en Brasil y Costa Rica para obtener el premio de innovación que otorga la Organización Panamericana de la Salud.

Todo es parte de una profunda reforma en salud que no depende de aprobación de los legisladores, y quizá sea la más importante.

@maribelrcoronel