Los mexicanos tenemos un problema de autoestima. Toleramos lo intolerable. Con facilidad doblamos las manos y agachamos la cabeza ante el poder cediendo espacios de libertad que hoy están en riesgo de desaparecer porque un gobierno con apetito autoritario quiere controlar todo a punta de mentiras y manipulación.

Nos hemos conformado con poco y malo. El egoísmo nos ha impedido salir muchas veces de nuestra zona de confort para hacer algo por nuestra colonia, nuestro barrio, nuestra comunidad, nuestra ciudad o nuestro municipio. Es más “fácil” esperar que alguien más lo haga o que alguien más lo resuelva aunque eso implique renunciar a la propia libertad. Hasta que un día se nos juntaron los problemas y nos rebasaron.

La realidad nos ha puesto contra la pared. El egoísmo nos adormeció y al dejar mucho o casi todo en manos de los políticos, les permitimos demasiado, al grado de descomponerlo todo, por maldad, por resentimiento, por ambición o por complicidad.

Por eso nos hemos quedado con opciones tan reducidas o, en algunos casos, sin opciones. La mayoría de los políticos aprendieron a vernos la cara y a cambiar de partido como si fueran calzones; oportunistas y mediocres, van de uno a otro como chapulines buscando nuevas formas de robar y ganar elecciones.

Nuestro error como ciudadanos ha sido que, lejos de formar nuevos líderes para hacer frente a tantos desafíos, muchos han buscado su propio bienestar y beneficio, lo que ha dificultado unirnos para trabajar como un solo equipo.

Después de perder la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Japón resurgieron de las cenizas. Y que decir de un país como Singapur que, de ser una villa de pescadores apenas hace siete décadas, hoy es uno de los países más admirables. Ejemplos de desarrollo y prosperidad sobran en el mundo. El problema es que en México, lo que sobra son pretextos.

Lo que nos falta a los mexicanos es creérnosla, es entender que, si queremos otra clase de gobernantes, primero tenemos que ser otra clase de ciudadanos. Que todos los países que han salido adelante tras enormes dificultades es porque han hecho algo muy distinto a lo que los llevó al fracaso. Parece que nosotros no aprendemos de nuestros errores y seguimos repitiéndolos indefinidamente.

Hoy, no solamente tenemos el peor gobierno que hubiéramos podido imaginar. También tenemos una oposición aún incipiente, dividida, inconsciente de su responsabilidad histórica, queriendo combatir, con pequeños egos, el ego desbordado del tirano. Así no funciona. Así no se puede construir nada nuevo. Es desde la humildad y el servicio que debemos actuar.

Es hora de asimilar y decretar que valemos más de lo que creemos, es hora de hacer valer nuestra voz y nuestro voto, honrando la palabra, dándonos la mano, entendiendo que, sólo juntos, podremos rescatar a México y revertir el daño provocado hasta hoy.

Es hora de actuar como quien se sabe merecedor de algo mucho mejor y trabaja para lograrlo. Es hora de apostar por la corresponsabilidad pues todos, no importa tu edad, condición, empleo o situación actual, todos podemos y debemos participar, proponer, votar y sacar a México de este infierno.

No existe el paraíso en la tierra, cualquier político que lo prometa, miente descaradamente y hay que desenmascararlo. Lo que sí existe es la posibilidad de co-crear una realidad mejor a partir de nuestra empatía, solidaridad, participación activa y nuestro voto. Dejemos de poner nuestro destino en manos de los políticos y entendamos, de una vez por todas que valemos más de lo que creemos.

*El autor es presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

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Twitter: @armando_regil