De acuerdo con el artículo 24 la Declaración Universal de los Derechos Humanos, toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas, situación que es asegurada por los países en el momento en que se designan los días obligatorios de descanso.

Sobre lo anterior, un análisis realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), dio a conocer la cantidad de días de descanso obligatorios de países miembros de la organización, destacando en primer lugar, Japón con 19 días, seguido de Chile, Corea y Eslovaquia con 15, España, Malta y Turquía 14, Estados Unidos en la 8ª posición junto con Bélgica y Noruega con 10 días y en último lugar México con solo 7.

Llama la atención que, Japón tenga más días de asueto obligatorio que nuestro país y, sea mucho más competitivo que nosotros. De acuerdo con el ranking mundial de competitividad 2020 del Centro Mundial de la Competitividad (IMD-WCC por sus siglas en inglés), el país Nipón se coloca en el lugar 34 mundial (-4) lugares respecto 2019, mientras que México es el lugar 53, (-)3 lugares respecto del año anterior, lo cual me lleva a plantearle la siguiente pregunta mi estimado lector, si en nuestro país, tenemos menos tiempo libre y por lo tanto se trabaja más ¿por qué no somos más competitivos?

La respuesta es muy sencilla, trabajar más, no es, sinónimo de ser mas productivos, usar de forma eficiente los recursos en el proceso productivo, si lo es; algo que en nuestro país no ha quedado muy claro si consideramos que la mayor parte de las personas ven como algo raro que se cumplan los horarios exactos o que las personas no hagan mas allá de lo que sus responsabilidades les exigen. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, la competitividad es un conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país, esto es, no sólo se trata de acelerar la maquenaria de producción, también implica la interacción de otros factores e instituciones.

Esa interacción, incluye a los ciudadanos, quienes impulsan del ciclo económico a través de su trabajo, pero también con su descanso, siendo este último, un motor económico desde el punto de vista del consumo. Las vacaciones y días de descanso son momentos donde el nivel de consumo aumenta, generando una expansión de la demanda que, en el corto plazo, reactiva la economía, lo cual plantea nuevas encrucijadas. Si las vacaciones y el descanso reactivan la economía, ¿se debería reducir el tiempo laboral en el país?, pero, reducir el tiempo de trabajo ¿impactaría negativamente en el nivel de competitividad? en ambos casos, la respuesta es depende.

La situación del país no es precisamente la más boyante, por lo que hay varias cosas que considerar antes de tomar cualquier decisión y no solo desde el punto de vista de la política económica, sino también desde el punto de las finanzas personales, permítame explicarlo. Por supuesto es deseable un incremento en el consumo dado que: mayor consumo = mayor oferta = reactivación económica; sin embargo, esa igualdad no es posible en las condiciones que tenemos.

De acuerdo con el INEGI, 2.4 millones de personas salieron de la Población Económicamente Activa (PEA), pasó de 57.8 millones a 55.5 millones y durante lo más fuerte de la pandemia, 12 millones de personas también salieron, de estos últimos, se han recuperado 10 millones a febrero 2021, ¿cómo generar gasto en consumo con estos números?, si se piensa que basta con gastar y usar las tarjetas, desde el punto de vista de las finanzas personales ¿cómo piensan pagar ese dinero si no tienen trabajo?, el peor error es, hacer un hoyo para tapar otro.

Aún cuando la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo espera una derrama económica de más de $26,000 mdp y 7 millones de visitantes en los diversos destinos, es un beneficio al corto plazo, que de poco servirá si no tenemos un cambio de rumbo real y decidido que ante todo, privilegíe la llegada de inversiones que creen empleos y cuando estos logren ser más eficientes en el uso de los recursos, esto es, ser más competitivos, entonces podríamos discutir si se puede modificar la jornada laboral.

El autor es académico de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana, consultor experto en temas económicos y de administración pública. Director fundador del sitio El Comentario del Día y conductor titular del programa Voces Universitarias.