Los primeros cuatro meses de 2019 han estado llenos de anuncios poco sorprendentes sobre la llegada de 5G en lo que sería la versión 15 de los estándares de la 3GPP (Release 15). El mundo esperaba lo que nuevamente sería un anuncio cosmético pues los países que tomarían el liderazgo en lanzar la nueva tecnología serían parte de los mismos sospechosos de siempre. Podría cambiar el protagonista local, la frecuencia o hasta la forma en que inicialmente se utilice la tecnología, pero como dogma religioso de un texto de Weber, el protagonismo vendría de las naciones del norte.

Una mirada hacia adentro de América Latina encontraba ensimismamiento, excusas y continuas explicaciones de por qué es una imposibilidad liderar. Como película repetida, los mismos protagonistas repiten las censuras de siempre a los culpables de turno por ese eterno atraso tecnológico en el que aparentemente estamos condenados a vivir. Gritos que van desde la acefalia regulatoria hasta acusar de payasos a los representantes de la región en foros internacionales es bastante común. Es que la plata hace milagros al momento en que se redactan los análisis.

Lo interesante de las imitaciones de la Casandra de la Antigua Grecia es que los pasados 20 años iban mostrando algo bastante claro sobre el estado de adopción de nuevas tecnologías en América Latina. Con tan solo saber leer un cuadro estadístico, los expertos del desastre podrían haber identificado como ciertos aspectos relacionados a la renovación de infraestructura y otros identificados con la adopción de nuevos servicios posicionaban a varios mercados de la región entre los líderes mundiales de algunos renglones específicos.

El dato anterior debía complementarse con la cada vez menor diferencia entre los primeros lanzamientos globales de una tecnología y su posterior lanzamiento en América Latina. Simplemente la brecha se fue reduciendo, pasando de seis a dos años entre la demora para que arribara en la región 2G hasta lo que tardó 4G. Claro que la queja es más fácil, recoge más apoyo y requiere menos labor de investigación o simple conocimiento.

Ante este entorno es que llega el anuncio de que un operador latinoamericano, de ese pequeño país llamado Uruguay, se ha atrevido a treparse en el podio de los primeros lanzamientos globales de una red que cumple los requisitos del Release 15 del 3GPP y que para exacerbar la blasfemia hace el lanzamiento de 5G fuera de su principal zona urbana, Montevideo, en un bloque de 800 MHz en la frecuencia de 28 GHz.

Como se anticipaba, los detractores no han tardado en surgir para cuestionar la veracidad de que en América Latina haya una red 5G comercial antes de que haya lanzamientos en las cinco grandes economías europeas, en los países escandinavos o Japón. Debe ser una mentira, no puede ser cierto, tal vez un artificio de la propaganda, cualquier excusa es buena para encontrar la paz mental y no desafiar prejuicios que el tiempo ha ido desarticulando.

Personalmente a mí no me deja de sorprender que muchos de los que continuamente denuestan el atraso regional, son los primeros en criticar los intentos de dar el salto tecnológico y colocar a la región a la par con países desarrollados. Esto último no implica no estar consciente de las economías de escala y su importancia en impulsar la adopción masiva de nuevos servicios. En un mundo donde las palabras favoritas de muchos son “digitalización” y “transformación digital” el contar con las tecnologías más avanzadas facilita que este proceso pueda continuar o al menos comenzar pues los elementos técnicos necesarios para su éxito ya están presentes en el mercado.

Me retiro no sin antes mencionar que el lanzamiento de 5G en Uruguay es el primero de varios que estaremos observando en la región en los próximos meses. El paradigma cambió para los servicios de telecomunicaciones, esperemos que los eternos detractores despierten de su fantasía personal y comienzan a entender cuál ha sido la transformación que se ha materializado con la llegada de 5G.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.