Es un caso conocido, ahora también muy estudiado, de cómo durante la campaña presidencial del candidato Donald Trump la gran prensa de Estados Unidos, sin quererlo, se convirtió en su aliada al publicar cuanta cosa decía, incluyendo sus más de 5,000 mentiras.

Al terminar la campaña, estos mismos medios reflexionaron a fondo sobre la cobertura que dieron a los candidatos, se autocriticaron por la manera de cubrir a Trump, pidieron disculpas a sus audiencias y decidieron cambiar, de manera radical, su forma de informar sobre el presidente.

Estos medios, entre otros, fueron The New York Times, The Washington Post y la cadena de televisión CNN. Desde el primer día del mandato de Trump dan cuenta de lo que éste dice, pero añaden, si es el caso, que se trata de una exageración, media verdad o franca mentira.

The Washington Post ha hecho una investigación sobre lo que ha dicho Trump, en los dos primeros años de su gobierno, que revela 15 mentiras diarias en promedio. La mentira es una pieza clave en la forma de comunicar del ahora presidente de Estados Unidos.

Ante el estilo de comunicación de López Obrador, la prensa mexicana está obligada a cambiar su forma de cubrirlo. La manera tradicional, de la gran mayoría de los medios, ha sido sólo ser caja de resonancia de lo que dice el presidente.

López Obrador en su forma de comunicarse, con mucha frecuencia, recurre a las exageraciones, a las medias verdades e incluso a las francas mentiras. Él sabe que esto no tiene ningún costo y que los medios van a replicar sin más lo que dijo. Eso es lo que quiere.

Los medios del país están obligados, es exigencia de su profesión, a no ser repetidores pasivos de lo dicho por el presidente. Hay que dar a conocer sus afirmaciones, es su obligación, pero junto con ellas deben advertir a las audiencias si eso es exageración, media verdad o mentira.

Sólo repetir lo que dice el presidente es muy fácil y esa ha sido la costumbre. Con el estilo de López Obrador los medios están obligados a cambiar, a hacer un nuevo periodismo. De no hacerlo se convierten, sin quererlo, en instrumentos activos de la estrategia presidencial.

Lo que se debe hacer es claro, pero no es fácil de implementar. Exige que el reportero de la fuente esté muy bien preparado, para saber cuándo el presidente exagera o miente. En las mesas de redacción se requiere personal especializado, que investigue y confronte lo dicho por éste con los datos de la realidad.

Como la gran prensa de Estados Unidos, la mexicana está obligada, es un reclamo de los tiempos, a cambiar su manera de cubrir al presidente. En adelante debe recoger lo que dice, pero a renglón seguido decir que eso es exageración, media verdad o mentira. Ahora, a la democracia mexicana le urge ese tipo de periodismo.

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Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.