Escribe Pierre Teilhard de Chardin que la superioridad alcanzada con respecto a los primeros ancestros consiste en mejor conocernos y situarnos en tiempo y espacio. Ya que somos conscientes de nuestras conexión y responsabilidad universales, los descendientes acentuarán tal superioridad en proporciones insospechadas. ¿Será? Lo dice poco después de la primera Gran Guerra.

Confío en las visiones del pensador francés. Pero yo, especialista en ver los toros desde la barrera, sentado en mi cómodo sillón, periódico matutino en mano, me entero de la larguísima galería de horrores en todos los puntos habitados en este planeta: genocidios, guerras civiles, hambrunas, disputas por islitas roñosas, gobiernos fallidos, migración de infinidad de sufrientes, terrorismo, viejos países que se escinden, crisis que golpean a millones causadas por un puñado de financieros y banqueros pícaros; interminable y trágica letanía. Las noticias mexicanas no se salen del cartabón universal y las conocemos con mayor detalle: degollados, decapitados, secuestrados, violencia, impunidad y corrupción, cuadro que desconcierta, confunde y deprime.

Todo eso no me cala, no me cala ni el frío invernal, menos quienes lo sufren en viviendas miserables y gélidas, impasible en mi caparazón, que no me toquen el cocido. Lo malo es que esta actitud la tiene la mayoría de la gente: todo nos es lejano, la globalización de la indiferencia, feliz expresión del Papa Francisco. Hasta la noción de vecino, el que habita junto, ha desaparecido.

Rara vez hay asociaciones de individuos que se expresen públicamente, sea para exigir probidad a los líderes y actores sociales; sea, por ejemplo, para demandar que la ?CNTE y grupos similares respeten los derechos de centenas de miles; sea para felicitar a las autodefensas si es que realmente surgen del pueblo y con legitimidad en ausencia de autoridades para combatir a delincuentes.

No sé si creer, con Teilhard, que vamos hacia la parusía el final de la historia y al pléroma la plenitud total a pesar de que él mismo, en medio de la segunda Gran Guerra, se refiere a las fuerzas vivas humanas tan dolorosamente descoyuntadas en este momento . Lo que sí sé es que tenemos que luchar por la unión, desde la vecinal hasta la planetaria, y por asumir nuestra responsabilidad individual.

Brant: Toda cosa gana más en fortaleza cuando está unida... La unidad en la comunidad hace florecer pronto las cosas... Por desunión y disputa también grandes cosas se destruyen .

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