La precaria situación en la que el gobierno de la cuarta transformación dejó a nuestro país tras su primer año de gestión ha comenzado a mostrar sus consecuencias. México ha mantenido buenos datos de estabilidad, pero según organismos internacionales, si no hay un cambio significativo en la forma de gobernar, el 2020 mejorará sólo marginalmente su crecimiento económico, más no lo suficiente como para cambiar la percepción de estancamiento, para recuperar la generación de empleos y devolvernos la confianza, sobre todo en materia de inversión.

Es innegable que el 2019 será recordado como uno de los peores años en materia de crecimiento económico: la fuerte caída en las inversiones, las reformas legislativas contra los empresarios, la errática política energética y la falta de transparencia en esta administración resultó en un crecimiento de 0% y en la destrucción de más de 36,000 empleos que se habían generado en el 2018.

Si no hay crecimiento económico, tampoco puede haber desarrollo y poco se puede abonar para disminuir las enormes desigualdades que existen en nuestro país. Por esa razón, es que alarman las cifras de desempleo que registró México el año pasado, las cuales se dramatizan si se analizan por entidad federativa. Según el Inegi, México alcanzó una tasa de desempleo de 3.5% de la Población Económicamente Activa, la más alta desde el 2016.

En consecuencia, una de las primeras noticias que recibimos este año fue que el Fondo Monetario Internacional decidió recortar sus expectativas de crecimiento para México, estimando que la economía de nuestro país apenas alcanzará 1% de crecimiento para finales de año. Por primera vez en muchos años, las economías de México y Estados Unidos no se ven suficientemente correlacionadas, las estimaciones muestran que éste último crecerá alrededor de 2% y el mundo en general 3.4 por ciento.

Ante un escenario como el actual, el gobierno debe regresar al centro de la política económica, la recuperación de la confianza. Las señales mandadas con la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la paralización durante meses de los gasoductos que mayormente beneficiarían al sureste, la suspensión casi indefinida de las rondas petroleras y subastas eléctricas, y el impulso a proyectos de infraestructura que carecen de los estudios suficientes que demuestren su viabilidad son tan sólo algunas de las razones por las cuales el año 2019 sufrió una caída de 6% en la inversión física nacional.

Por supuesto, Tabasco no se salva de esta dinámica, como diputada federal tabasqueña, mi prioridad ha sido buscar que mi estado salga del infierno económico en el cual está inmerso; sin embargo, a un año de gestión de nuestro paisano Andrés Manuel, ni siquiera se sienten los beneficios de contar con el proyecto de inversión más importante de esta administración, la refinería de Dos Bocas, y peor aún, seguimos siendo la entidad con el peor desempeño económico (-4.5% durante los últimos cinco años) y con la tasa de desempleo más alta del país (7.15 por ciento).

México no comenzó con el pie derecho el 2020; sin embargo, considero que aún existen muchas acciones que el gobierno federal puede tomar para corregir esta situación. Antes que nada, deberán asegurar un ambiente de certeza y confianza para las inversiones, mismas que devolverán los empleos que se han perdido y que, eventualmente, traerán mayor crecimiento. De no hacerlo, México caerá en una situación irreversible.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.