Las actividades del presidente Peña Nieto y las de los integrantes de su gobierno han desaparecido en la cobertura de los medios. Esto se empezó a notar de manera significativa en los meses de la campaña, pero se ha radicalizado a partir del 2 de julio ya con la presencia del presidente electo López Obrador.

Hay quienes piensan, incluso dentro del PRI y el gobierno, que entre Peña Nieto y López Obrador hay un acuerdo específico, en el marco de uno más grande, para ceder el espacio de los medios al presidente electo a cambio de que el gobierno de facto, en muchos espacios ya en funciones, no lo critique. La realidad es que no es así.

La oficina de comunicación de Los Pinos sigue haciendo su tarea como siempre. No ha cedido terreno y todos los días trata de posicionar la agenda presidencial. Lo cierto es que no ocurre. Es evidente que la estrategia de comunicación de la presidencia ha sido un fracaso a lo largo del sexenio. Sólo se salvan los meses del arranque del gobierno.

El hecho es que a los medios, a los comentólogos y a la ciudadanía no les resulta interesante lo que el presidente y los suyos hagan y tampoco lo que digan. Ya no tienen legitimidad. El presidente y los suyos, salvo algún escándalo, ya no son noticia. Ésta es la razón por la que el gobierno no esté presente en los medios.

Se puede argumentar, no sin razón, que esto siempre ha pasado durante las campañas y todavía más cuando ya se conoce al presidente electo. Es cierto, pero nunca se había dado en la dimensión que ahora ocurre. Es algo nuevo que debe analizarse.

Las posibles explicaciones son cuatro: la estrategia de comunicación de Los Pinos sigue sin entender al México de hoy; el presidente tiene menos de 20% de aceptación y esto nunca había pasado; la percepción es que el presidente y los suyos son corruptos y frívolos; la ciudadanía está harta del presidente y los suyos y ya quiere que se vayan.

A estas explicaciones, que no se pueden ignorar, se añade una quinta, tal vez sea la mayor, que, a su vez, se divide en tres: el margen de votos con los que López Obrador gana la presidencia; la esperanza que él despierta en un sector amplio del electorado que piensa que en su gestión todos los problemas del país se van a resolver; su manera de comunicarse, dar nota y despertar interés en los medios.

La ausencia en los medios del presidente y los suyos se va a radicalizar en los próximos meses. Y en esa medida va a crecer, como nunca antes, la presencia de López Obrador como presidente electo. Ese estar muy presente tiene tres explicaciones: viaja por el país como si siguiera en campaña; todos los días da noticias relacionadas con su futuro gobierno; ejerce ya, a través de las consultas, tareas de gobierno.

RubénAguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.