Para una inmensa mayoría crítica, la visita de López Obrador a Trump que inicia mañana no tendrá ningún beneficio y sí altos riesgos y costos a futuro. De los mensajes más contundentes fueron los de don Bernardo Sepúlveda y Silvano Aureoles. Muchos han dicho que AMLO no tenía margen de maniobra para rehusar la cita. Me parece falso, pues una buena labor diplomática de Ebrard y Bárcena hubiese esgrimido los pretextos ideales para posponer la reunión: no son tiempos de viajar ante la gravedad de las crisis del Covid-19 y de la violencia de los cárteles. Podrían así elegantemente haberle dado largas a la visita. Ahora bien, una diplomacia sagaz se hubiese adelantado a los hechos y que fuese AMLO quien invitara a Trump a venir a México. La perspectiva sería diferente.

Al momento de escribir esta columna, Trudeau, con un lenguaje duro, aún ponderaba la conveniencia de asistir: “todavía estamos evaluando la conveniencia con Estados Unidos sobre si una cumbre trilateral tiene sentido”. Ello, además, ante la posibilidad de aranceles estadounidenses al aluminio. Con la ausencia de Canadá, evidentemente ya no habría una discusión trilateral.

Para la reunión de trabajo bilateral, no se hizo público si Ebrard y Bárcena llevaron a cabo el proceso habitual previo de negociar la agenda de discusión. Esto se hace para evitar sorpresas y planchar los temas. Podemos intuir la agenda, pero no la volatilidad discursiva e improvisación de Trump. Por ejemplo, se anticipa su reclamo a las medidas del sector energético y la falta de garantías para la inversión. AMLO va directo a las fauces del león. Para derivar una ventaja ante su tradicional base electoral, Trump querrá exhibir la sumisión de AMLO y —una vez más— que lo puede manipular y humillar. Una posible conferencia de prensa con AMLO sería catastrófica. No es la zona de confort de las mañaneras. Si bien era impensable una reunión con Biden, quien todavía ni candidato es, se debió negociar una visita con Pelosi para tender un puente con los demócratas.

Dos riesgos adicionales para AMLO: primero, la logística de viajar en vuelo comercial con escala es inconveniente desde muchos puntos de vista: horarios, retrasos, seguridad y privacidad. Segundo, el protocolo de acceso a la Casa Blanca contempla hacerse una prueba —por fin— del Covid-19. Supongamos que ésta sale positiva; se cancelaría la reunión y se le regresa a México, pero la línea área comercial no le daría acceso. Si los síntomas son graves, inclusive podría ser hospitalizado en una clínica en Washington.

En conclusión, la visita de esta semana se vislumbra como adversa para México: indigna, de mala señal para los paisanos y demócratas y de nulo avance en la agenda bilateral. México pagará una factura costosa si Biden gana la presidencia. Sería una complicada convivencia con Estados Unidos para los cuatro años que le restan a este gobierno.

Estamos ante el típico caso donde te invitan a una fiesta, pero para ser la piñata y Trump te tunde con un bate de beisbol. Trump se divertirá. Ojalá AMLO lleve sus bolsas repletas de estampitas.

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.