Las remesas se han convertido en un fenómeno de gran relevancia para la actividad económica en México y, últimamente, para la toma de decisiones a nivel político. Recientemente ha surgido la sensación de que el envío de remesas, por parte de los connacionales en el extranjero es un indicador que mide de alguna manera la salud de la economía mexicana; sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad que esta idea. Las remesas no son indicador de que las actividades económicas o el nivel de ingreso al interior del país estén sanos, por el contrario, significa que el nivel de actividad económica en el extranjero, particularmente en Estados Unidos, se está recuperando; independientemente de que el nivel de ingreso en los hogares en México mejore o no. El hecho de que los hogares mexicanos usen las remesas, porque representan un ingreso adicional, no es prueba de que la economía mexicana esté creciendo.

Lo anterior no resta importancia al hecho de que en 2019 entraron al país 36,000 millones de dólares en remesas, aproximadamente, y que al día de hoy alrededor de 31,000 millones de dólares han entrado durante el 2020, de acuerdo con cifras de Banxico. El envío de remesas usualmente se hace vía transferencia electrónica, pero en últimos meses derivado de las crecientes comisiones que las empresas de envío monetario han impuesto, ha surgido una creciente transportación en efectivo para dejar del lado mexicano las divisas correspondientes. Una vez que dichas divisas están en manos de los hogares mexicanos, lo usual y normal es cambiarlos por pesos en el sistema bancario comercial.

En este nivel del proceso de cambio de dólares por pesos, ha surgido una problemática respecto de la repatriación de divisas hacia Estados Unidos, y es que el país vecino del norte ha regulado la compra de divisas a bancos comerciales mexicanos debido al incremento en la probabilidad de que dichas divisas sean de procedencia ilícita, como por ejemplo del narcotráfico. En consecuencia, la Cámara de Senadores está analizando una iniciativa para modificar los artículos 20 y 34 de la Ley del Banco de México con el objetivo de permitir que el banco central puede comprar los dólares, en poder de la banca comercial, verificando por su puesto la procedencia lícita de los mismos, evitando así la pérdida operativa que se genera a la banca, al mismo tiempo que los hogares mexicanos evitan el cobro de comisiones por el envío electrónico.

De aprobarse, esta iniciativa tendrá un impacto muy importante no sólo en el bienestar de los hogares y de los bancos, sino también en el nivel de reservas internacionales del país, porque Banxico estará en posibilidad de adquirir dichas divisas; actualmente su legislación se lo prohíbe. Asimismo, Banxico tendrá mayor capacidad de operar la oferta y demanda en la divisa dólar, a partir de operaciones usando estos mismos recursos. Lo anterior puede apoyar la liberación de presiones sobre el tipo de cambio en épocas de fuerte volatilidad cambiaria. En otras palabras, mayor capacidad de aplicar eficazmente la política monetaria vía la base monetaria. Sin duda este fenómeno puede traer consigo grandes efectos positivos a la economía mexicana.

El autor es académico de la Facultad de Empresariales de la Universidad Panamericana.