El pasado fin de semana caí en cuenta de que ya había concluido la tercera parte de la campaña para elegir a un nuevo Presidente de la República y que ésta ha sido más aburrida que una segunda Luna de Miel con motivo de las Bodas de Oro.

En una breve crónica del primer mes de campaña se podría consignar que el resultado de las encuestas, en términos generales, es el mismo que hace un mes. Si acaso hubo unos días de abril que el candidato de la izquierda alcanzó, según algunas encuestadoras, un empate técnico en el segundo lugar con la candidata blaquiazul. Aunque no faltaron malquerientes del panismo que expresaron que el empate técnico fue en el tercer lugar. Razonaron así su aserto: no fue López Obrador el que subió al segundo lugar, sino Josefina la que bajó al tercero.

Los tropiezos verbales y de logística de la candidata de Acción Nacional y de su equipo generó un golpe de timón, que en la percepción popular sólo consistió en rodear a la candidata de panistas de mala reputación, como Juan Molinar Horcasitas y el exgóber costoso de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, y en cambiarle de nombre al Pinabús. Le pusieron La Jefa sin pedirle su opinión a la candidata. Desde hoy te diremos La Jefa . ¿Por órdenes de quién? Del Jefe .

En fin, un mes de campaña durante el cual Peña Nieto se la ha pasado nadando de muertito, Josefina dando patadas de ahogada, Andrés Manuel buceando en las aguas de sus anteriores errores y Gabriel Quadri aprendiendo a nadar en el chapoteadero del Panal.

A dos meses de la elección para bajar a Enrique Peña Nieto del primer lugar de las encuestas de intención de voto, tendría que suceder algo muy grave, por ejemplo, que se descubriera que usa bisoñé.  

La guerra sucia

En el mes que lleva al aire, con diferentes ejecuciones audiovisuales, oscuras de imagen pero opacas en ideas, la campaña de Josefina es diferente no ha dado el resultado que sus publicistas hubieran deseado.

En ninguno de sus materiales se aclara en qué consistirá el gobierno diferente de la señora Vázquez Mota. ¿Diferente por ser mujer? ¿Diferente de los gobiernos del PAN de los cuales formó parte de sus gabinetes? ¿Diferente de los gobiernos priístas de hace 12, 18, 24 o más años? ¿Diferente de qué o de quién, cómo y por qué? El adjetivo diferente no necesariamente tiene una connotación positiva. Yo soy diferente a José Emilio Pacheco y ambos somos diferentes a Brad Pitt, lo cual significa que yo estoy jodido porque no soy ni buen escritor ni guapo. Pero, eso sí, soy diferente. Probablemente cuando se amplió el equipo del cuarto de guerra de la candidata de Acción Nacional. Es decir cuando sucedió el golpe de timón los estrategas panistas decidieron además de los spots precitados de Josefina es diferente recurrir a otros que implícitamente expresaran: Josefina es parecida , parecida a Felipe Calderón y recurrieron a la guerra sucia que tan buen resultado les diera hace seis años y lanzaron al aire un pedacito de lodo con la frase publicitaria: Peña es un mentiroso. No cumple , que fue un golpe directo a la frase central de la campaña del mexiquense: Peña se comprometió y cumplió .

La Comisión de Quejas del IFE, por dos votos en favor y uno en contra, decidió permitir los spots que califican de mentiroso a Peña Nieto. Fue el consejero Benito Nacif quien explicó que se entiende como calumnia la imputación de un delito, por lo que, en el caso de los spots del PAN, la palabra mentiroso no entra en esa definición.

Con lo anterior, los consejeros del IFE que votaron por la permisión de los spots panistas demostraron un gran conocimiento de nuestra idiosincrasia. En nuestro país decir que alguien es mentiroso no es calumnia es afirmación de su mexicanidad.

La autorización de IFE tiene un doble filo que se le está revirtiendo al PAN. Peña Nieto habla de 600 compromisos firmados y cumplidos, de los cuales pasan en sus anuncios los más espectaculares y grandiosos. Acción Nacional se refiere a los compromisos no cumplidos utilizando una numerología de la cual el público no está enterado y muestra dos o tres obras efectivamente sin terminar, pero irrelevantes comparadas con la magnitud de las que se muestran en los anuncios del PRI, de ahí que la guerra sucia del PAN anda valiendo queso. Con otra, que los publicistas del PAN nos invitan a comprobarlo personalmente viajando al lugar donde no se cumplió con la obra prometida. Ya parece que voy a invertir seis horas de mi vida para cerciorarme que en Tlalnepantla hay un puente que sigue siendo de vigas.

Otro error del panismo es que las obras incumplidas están en el Estado de México, entidad donde hace un año el PRI les puso una goliza de 61 puntos a 12 a los blanquiazules. Imagínense, si donde es posible ver, in situ, las mentiras de Peña éstas no repercutieron electoralmente, calculen cómo van a incidir en el resto de la República.

La gran solución

Hace algunos años (1996) asistí a un curso sobre marketing político impartido por el maestro Murilo Kuschick en la Universidad Autónoma Metropolitana de Azcapotzalco. Es poco lo que recuerdo del curso y muchas las cosas olvidadas. Entre éstas el diploma que da constancia de mi asistencia al curso que extravié en un cambio de casa.

Pero recuerdo muy bien que las técnicas usadas en el marketing político tienen como objetivo dar a conocer (un candidato y su plataforma política) y persuadir sobre que éstos (candidato y plataforma) son la mejor opción: incitar a la compra (el voto). La posibilidad de persuadir e inducir al voto se finca en argumentos racionales o emotivos. La posición en las encuestas de la aspirante Josefina Vázquez Mota nos indican que no ha persuadido de su superioridad, sea de manera racional o emotiva, a la mayor parte del mercado electoral.

Es aquí donde entra otro de los paradigmas del marketing: trascender la imagen del producto (en este caso la candidata) para dirigir nuestros pasos a la búsqueda de las necesidades del elector. Esto es: no se trata de persuadir al mercado electoral en la adquisición del producto político (candidata) por su prestigio, simpatía y experiencia, sino en función del cumplimiento de las necesidades y deseos del votante.

Un sueño anhelado no sólo por los electores, sino por todo el país -incluimos niños y abstencionistas- es llegar al, ansiado y sólo logrado en 1986 cuando el país fue sede, quinto partido en un Mundial de Futbol. En mi carácter de mercadólogo político experimental, le recomiendo a Josefina Vázquez Mota que deje a un lado lo del gobierno diferente y la guerra sucia, y adopte como premisa de campaña la idea de que cuando ella gobierne nuestro país México jugará en cuartos de final en el Mundial de Brasil. Con un buen porcentaje de posibilidades de ser finalista.

Dentro de dos semanas dejará a Barcelona el mejor técnico del mundo, Josep Guardiola, identificado con México y lo mexicano porque terminó sus días de futbolista jugando para Dorados de Sinaloa. Es cuestión de que un grupo de amigos de Josefina junte su lana para hacerle una oferta al catalán. (El Cofipe prohíbe comprar spots y materiales publicitarios, no fichar futbolistas o entrenadores).

Ya con la firma de Josep, éste -en declaraciones aparentemente casuales, inocuas, intrascendentes dadas a los medios deportivos- se comprometerá a hacer del equipo nacional una máquina de jugar futbol, una Selección triunfadora: Hay material humano porque lleváis dos mundiales Sub-17 como campeones .

Eso si el técnico siempre acompañara sus declaraciones con la advertencia de que el compromiso suyo será siempre y cuando su tocaya Vázquez Mota triunfe en las urnas.

Eslóganes: Con Josefina: el quinto es bueno. Con Vázquez Mota nos llevaremos de a cuartos con el mundo. Con Jos y Josep campeones, ¿por qué no?