El cuidado y conservación de los recursos naturales y del medio ambiente, cada vez es más importante para las instituciones internacionales y nacionales.

Derivado de lo anterior, en diferentes países se han impulsado regulaciones que establecen multas, castigos o penalizaciones a instituciones o empresas que contribuyan a la degradación del medio ambiente.

En este sentido, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha creado una herramienta dirigida a las instituciones bancarias que les permita identificar riesgos potenciales en el financiamiento de proyectos que contribuyan a la degradación del medio ambiente y a la generación de conflictos sociales, ya sea de forma directa o indirecta. Lo anterior, sin duda, es importante.

Por ejemplo, ¿que sucedería si un banco comercial financia un proyecto porcícola técnica y financieramente viable, pero que carece de un adecuado control del estiércol de la piara? Seguramente, ante la falta de biodigestores para el tratamiento del estiércol, se generará una elevada emisión de gases altamente dañinos al medio ambiente, como dióxido de carbono y metano.

Ante esta situación, las instituciones encargadas de la conservación del medio ambiente, sancionarán a la empresa que ocasione dichos daños.

Posteriormente, se llegaría a la conclusión que la degradación del medio ambiente fue financiada a través de un banco comercial, ocasionando con ello una mala reputación para la institución financiera. Pudiera pasar también que existen proyectos financiados por la banca, dónde se da la contratación de infantes, en alguna de las etapas del proyecto, siendo éste un importante riesgo social a considerar.

En este sentido, la herramienta busca evitar éstos posibles riesgos ambientales y sociales, generando valor a los clientes al implementar mejores prácticas que mitiguen o compensen los impactos negativos.

Lo anterior, a través del desarrollo de un sistema de administración de riesgos ambientales y sociales conocido como SARAS que establece filtros para la selección de los proyectos, con base en la investigación del cliente, clasificación y evaluación del proyecto desde el punto de vista ambiental y social, y la administración del mismo.

Actualmente, ya existen instituciones de la banca comercial y de desarrollo en países como Brasil y Colombia, que tienen implementado el uso de esta herramienta.

Ojalá que en el corto y mediano plazo esta práctica pueda ser considerada por el resto de instituciones bancarias a nivel internacional y nacional, lo que sin duda contribuirá con el cuidado y conservación del medio ambiente.?

*José Ramón Ojeda Ledesma es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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