¿A mediados de febrero o hasta marzo? , preguntó el doctor en Derecho, Sergio García Ramírez, al presidente del IFE, Leonardo Valdés Zurita. Liberado del compromiso al que había accedido -llenar una de las tres plazas vacantes en el Consejo General del IFE durante el proceso electoral del 2012-, el abogado de origen tapatío salió bastante campechano en la ejecución de su plan de retiro. Irrevocable su decisión de dejar trunco el periodo (ni siquiera alcanzó a cumplir con una quinta parte) para el que fue electo, ponía a la consideración de su colega la fecha más adecuada para formalizar su separación.

Sobre aviso, no hay engaño. García Ramírez aceptó ser Consejero Electoral luego de que los coordinadores parlamentarios buscaran su ayuda para resolver el vacío institucional que dejó al Consejo General del IFE sin un tercio de sus integrantes durante 14 meses y que amenazaba con desbordar -administrativamente hablando- a aquella institución.

Nunca pretendí ese cargo, pero en esa circunstancia estimé un deber ciudadano acceder a la invitación no sin antes advertir que sólo sería una estancia temporal , reveló ayer García Ramírez, para retornar a sus actividades cotidianas cuando hubiera concluido el proceso electoral .

Como relojero suizo, el doctor en Derecho cumplió con su deber en una situación crítica. Y ahora, malagradecidos, los legisladores federales le reprochan sus formas, con la misma beligerancia que los representantes de los partidos de izquierda le reclamaron por su inopia en la discusión del Monexgate, que involucró a Gabino Fraga, uno de sus ahijados. Pero la versión ofrecida por García Ramírez simplemente difiere de lo ocurrido durante los últimos meses del 2011. Y es que -de ser cierto- reduce a una mera farsa al proceso de selección abierto para seleccionar a los consejeros electorales.

Un proceso que se extendió durante casi dos años, requirió de dos convocatorias, el descarte de más de 200 aspirantes y cientos de horas de trabajo en la Comisión de Gobernación, que entrevistó a los candidatos que al final fueron descartados por los integrantes de la Junta de Coordinación Política de la anterior Cámara de Diputados.

Agotado el procedimiento -sin que ninguno de los 17 candidatos originalmente seleccionados pudiera acceder al Consejo General del IFE, porque en el pleno no alcanzaron los votos suficientes-, los líderes parlamentarios acordaron integrar una lista de tres candidatos, que llegarían respaldados por las fuerzas mayoritarias.

El cuotismo se impuso: las fuerzas de izquierda impulsaron a Lorenzo Córdova Vianello, mientras que el PAN respaldó a María Marván Laborde y el PRI propuso al doctor García Ramírez. Y finalmente, el 15 de diciembre del 2011 iniciaron su gestión como consejeros electorales, que debería concluir el 14 de diciembre del 2020.

Desde entonces, García Ramírez recibió críticas, pues rindió protesta al cargo con 73 años cumplidos y una disputa familiar que enturbió su extensa carrera como servidor público, en la que llegó a ser Procurador General de la República, Presidente del Tribunal Agrario y Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Durante el año que cumplió como consejero electoral, abordó casi todos los asuntos, a excepción de dos: su declaración patrimonial -que nunca quiso hacer pública- y su condición de salud, sobre la que existen fundadas preocupaciones entre sus colegas del IFE. García Ramírez cumplió 75 años hace una semana.

Pero ni la Cámara de Diputados y ni sus compañeros cumplieron con sus exigencias. Hoy dejará su asiento en el Consejo General. Dado que los consejeros electorales tienen -en términos del escalafón de la administración pública federal- el mismo sueldo y los privilegios que los ministros de la SCJN, el doctor en Derecho habría alcanzado la edad de retiro... y obtendría una pensión, que no es otra cosa que su salario actual ad perpétuam. Quedará una vacante en el IFE y en la Cámara de Diputados ahora enfilan hacia una renovación adelantada en el Consejo General que pasará -inevitablemente- por la salida de Leonardo Valdés Zurita.

EFECTOS SECUNDARIOS

NUEVOS PARTIDOS. Después de una amplia consulta entre sus bases, que superarían los 300,000 afiliados, los dirigentes de la agrupación política Pueblo Republicano Colosista acudieron ayer a solicitar su registro oficial como partido ante el IFE. Al frente figura Gonzalo Navor Lanche, quien explicó que su presencia está concentrada en el sureste mexicano -Chiapas y Oaxaca, principalmente-, pero que también cuenta con numerosos cuadros en el Estado de México. Y sostuvo que la importancia de la lucha iniciada por Luis Donaldo Colosio por lograr un México diferente, los ha impulsado a prorrogar su legado e institucionalizar los ideales del extinto candidato presidencial. ¡Órale! 

CARNAVALESCO. Una reunión de amigos entre el gobernador Javier Duarte de Ochoa y los 30 diputados del PRI en el Congreso de Veracruz se convirtió en un aquelarre, literalmente. Y es que al cónclave acudió como invitado de honor el exgobernador Fidel Herrera, sobre quien su sucesor había indicado -tres días antes- que heredó serios problemas financieros y las arcas vacías.

¿NUEVO ALIADO? Por demás enigmática, la declaración del líder de la bancada del PRI en la Cámara Alta, Emilio Gamboa Patrón, sobre la recientemente aprobada reforma educativa. El Senado -sostuvo- es respetuoso de los sindicatos, de los trabajadores y que son los agremiados los que deben decidir sobre la vida interna de esas organizaciones. ¿Será?