Tengo un amigo que desde que descubrió mis colaboraciones en El Economista, se ha constituido, expresándolo en diversos tonos y diferentes ocasiones, en un constante inconforme con la mayoría de mis opiniones.

Para mi sorpresa, a raíz de lo que escribí aquí el pasado martes sobre la manera en que percibí los resultados del superdomingo electoral, recibí una llamada suya felicitándome por mis apreciaciones.

Hasta aquí el lector puede pensar -y con razón- que lo que suceda en mi vida privada tiene para él la misma importancia que el apareamiento del ornitorrinco. Pero hago referencia a la llamada de mi amigo por dos motivos:

primero porque lo expresado por él, vía telefónica, confirma y sustenta la teoría que expongo en la síntesis que precede la presente colaboración que, a su vez, es corolario de lo que publiqué en la columna del pasado martes. Y segundo: por una intumescencia de las gónadas masculinas generadoras de la secreción interna del sexo.

Mi amigo el ingeniero H, no diré su nombre y apellido porque revelaré aspectos de su vida política en aras de contextualizar lo que me expresó.

Durante muchos años se dedicó a la política en las filas del Revolucionario Institucional. En la actualidad, por vaivenes de la veleidosa actividad a la que destinó la parte más productiva -y vaya que lo fue- de su vida, está en la banca de la iniciativa privada –rascándose las rentas, vive de sus huevos-.

En su época de funcionario público, el ingeniero H asistía a las tertulias de los que éramos amigos desde la adolescencia siempre acompañado de sus escoltas que permanecían, afuera del sitio de reunión, alertas para lo que se le ofreciera a su jefe. Fuera de este alarde que los concurrentes considerábamos como una manera de adornarse con la perrada -o sea nosotros ciudadanos de a pie- y que él justificaba como una necesidad de su importante cargo, H no hacía mayor ostentación de su inocultable prosperidad económica. Inclusive en más de una ocasión se fue sin pagar la cuenta.

En el momento oportuno uno de sus elementos de ayudantía entraba con un rudimentario celular –tamaño ladrillo- y nunca supimos si fingía o era real una conversación con su jefe, después de la cual salía raudo a cumplir con algún importante deber para con la patria que lo mantenía.

Cierta ocasión, al calor de las copas, uno de los presentes le insinúo que pagara la cuenta dado que él le había hecho justicia la revolución: H, invita la cuenta, págala con lo que te chingas de nuestros impuestos, no te hagas pendejo . Nuestro amigo el ingeniero se mostró ofendido por las indirectas de corrupción de las que fue objeto. -Miren cabrones nos dijo al tiempo de darle un sorbo a su trago- jamás me he robado un peso del dinero público.

¡No mames! -exclamamos- ¿no nos digas que el rancho que tienes, el relojazo que traes y la casota que posees salieron de tu sueldo? Ah –dijo conciliador- eso es otra cosa.

En política, el dinero no sale de las arcas públicas, sino de los negocios adyacentes, al país no le cuesta un centavo el enriquecimiento de los políticos, éste se da por inercia. Ahora si te la mamaste pinche ingeniero -expresó con el tono y el vocabulario usado en nuestras reuniones, uno de los cuates- ahora resulta que eres honrado . Por supuesto que soy honrado pero sin llegar a lo pendejo. Entonces, reconoces que eres corrupto -lo increpamos-. Sólo lo necesario, fue su respuesta. Y remató con una frase que se me grabó: Hay que ser trompudos pero no marranos.

La parábola del muerto

En otra oportunidad, recién estrenaba cargo, lo visité en su nueva oficina. Sin rubor, de su parte, y con sorpresa, de la mía, de un portafolios sacó varios fajos de billetes que guardó en una caja fuerte. Subió el volumen de la música ambiental que se escuchaba y me encaminó a una terracita donde sin más me espetó: Mira en este jale siempre hay que tener listo el muerto, para cuando te hablen de arriba y te pregunten: ¿dónde está el muerto? Tú digas, aquí está el muerto. Si no tienes muerto pueden suceder dos cosas: que te digan, ¡cómo!, ¿eres tan pendejo que no tienes muerto? O lo peor: que crean que el muerto ya lo enterraste en tu jardín. Y de ahí se siguió con una disertación sobre su teoría de la corrupción, una cadena ancestral de la cual no puede romperse ningún eslabón , origen y destino nacional.

La Nueva España se formó con corruptos aventureros, los virreyes no fueron personas de honorabilidad probada; la codicia y el deseo de acumular riqueza era su principal tarea y pasión. Desde sus orígenes con el nombre de Partido Nacional Revolucionario utilizando como instrumentos de su labor la componenda, los arreglos en lo oscurito, la simulación y la tranza, el PRI le ha dado coherencia y estabilidad a nuestra vida institucional: negarlo es desconocer la historia. La corrupción forma parte de nuestros usos y costumbres, y esto debemos aceptarlo de la misma forma que un adolescente acepta que tiene acné aunque no le guste.

Cuando el panismo se enfilaba al poder, el ingeniero pregonó que el único cambio posible en México era el cambio de usufructuarios de la corrupción. A la mitad del foxiato sentenció: los panistas son el doble de corruptos que los priístas y lo triple de pendejos.

La llamada

El martes sonó mi teléfono. Escuché la voz inconfundible de H: ¿Qué onda mi querido Granados Chafa -así me dice burlón cuando me atrevo a hacer análisis políticos- ahora sí le atinaste. Estoy de acuerdo contigo: carro abollado pero completo. No hay de otra cabrón -siempre usa este eufemismo para no decirme hijo de tu pinche madre- todos los ganadores son de origen priísta y van a gobernar como tales.

La elección del domingo sólo fue un gatopardista cambio de cartas: Ulises Ruiz y Mario Marín ya estaban muy desgastados y desprestigiados como para dejar a sus sucesores. Manlova es una pieza más de Manlio, que como tu bien dices, sin querer queriendo, anda a las vivas tras el copete de Peña Nieto, al que si le aplican la fórmula de las alianzas en el 2011 y pierde las elecciones en el Estado de México hasta La Gaviota va a volar en busca de una mejor telenovela. Por cierto, leí el nuevo libro de Rafael Loret de Mola y dice que Peña sería mejor candidato pero Manlio mejor Presidente.

-Oye me atrevo a interrumpir su monólogo- tú eres de los que dan por hecho que el PRI regresa a Los Pinos en el 2012.

-A huevo eufemismo que usa para no decir como chingaos no- con cualquiera que sea el candidato ganador de cualquier partido el PRI regresa. Ya te lo expliqué una vez, 70 años de priísmo transmutó la personalidad de los mexicanos. Todos somos priístas, de derecha o de izquierda pero priístas.

Ahí está Manuel Camacho Solís, artífice de las alianzas, no puede negar la cruz de su parroquia priísta.

Y para quién está trabajando para otro priísta de nacimiento: Marcelo Ebrard. El mismo Felipe Calderón, panista, los pocos aciertos que ha tenido en su gobierno es cuando adopta métodos priístas. Como dijeran Los Panchos:

Sin PRI es inútil vivir. Es más deberías de hacer una propuesta en tu columna que se le cambie la letra al Himno Nacional, que de ahora en adelante diga: un priísta en cada hijo te dio.