En el transcurso de los últimos años, Petróleos Mexicanos (Pemex) se ha posicionado como la  empresa productiva más importante de nuestro país, encabeza la administración de uno de los sectores más relevantes en la esfera internacional, pero también contribuye en gran medida al desarrollo económico y social de México. Últimamente, la paraestatal ha tomado una serie de malas decisiones basadas en un plan equivocado, lo que ha tenido grandes repercusiones económicas y una pérdida en la confianza de los actores internacionales clave para nuestro crecimiento económico.

La capacidad de Pemex para generar más ingresos y disminuir sus pérdidas bajo el liderazgo de la nueva administración del presidente López Obrador ha sido cuestionada fuertemente por inversionistas internacionales. Recientemente, analistas del mercado energético recibieron a un equipo ejecutivo en Nueva York, cuya intención era transmitir el objetivo de que se restauraría su capacidad de refinación y producción tras haber perdido inversiones; sin embargo, el mensaje no fue convincente, ya que los especialistas aseguraron que el gobierno federal carece de una estrategia coherente para revertir la caída en la producción, sin recurrir a inversión privada o a un mayor endeudamiento.

La falta de confianza de los inversionistas en el mercado energético mexicano ya tuvo sus primeras consecuencias, en octubre del año pasado Fitch cambió la perspectiva de su calificación a Negativa, y todas las calificadoras analizan si podría también impactar en su grado de inversión en los siguientes meses. Esto sería muy riesgoso, especialmente porque Pemex es la empresa petrolera más endeudada del mundo, con más de 104,000 millones de dólares, cifra que representa 97% de sus activos.

Recientemente, el Fondo Monetario Internacional revisó a la baja el pronóstico económico de México, principalmente porque las políticas del nuevo gobierno desalientan las inversiones y la confianza. Decisiones como la cancelación del nuevo aeropuerto en Texcoco, el desabasto de gasolina en los meses más de mayor demanda y reveses en la implementación de reformas como la educativa, pero especialmente la energética, podrían generar una fuerte crisis de confianza. Para cerrar, en la última encuesta de PwC, México pierde atractivo para los inversionistas globales y de ser el octavo mercado más buscado, se coloca en el lugar 13.

Si esto le parece demasiado, agreguemos la incertidumbre que ha generado Pemex y la Secretaría de Energía alrededor de uno de los proyectos más ambiciosos del gobierno federal: la construcción de la refinería en Dos Bocas, Paraíso, Tabasco. Como he reiterado en diversas ocasiones y a través de diferentes plataformas, estoy fuertemente a favor del proyecto de la refinería en Tabasco, pero insisto que debe hacerse con gran responsabilidad e inteligencia.

A pesar de mi insistencia, ninguna de las dos dependencias ha logrado comprobar que ya existen los permisos y autorizaciones necesarias para la edificación de este proyecto, a pesar que desde diciembre el Consejo de Administración así lo instruyó. La falta de transparencia pone en riesgo esta magna obra de infraestructura petrolera, genera confusión a los ojos de los analistas y de los inversionistas, y pone en riesgo la recuperación de Tabasco, algo que considero ¡inaceptable!

Sin duda, Pemex está entrando en una etapa muy complicada. La ausencia de una estrategia congruente e integral sobre el futuro del sector energético mexicano lo ha llevado a elegir un plan equivocado. La confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros es un factor clave para el desarrollo económico sano de cualquier país, por ende, si Pemex no la recupera no habrá posibilidad de que México se posicione como la potencia energética que está destinado a ser.

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.