¿Qué implica ser estadounidense hoy en día? ¿Ser próspero, poderoso, privilegiado? Sin duda, Aun así es inquietante. Miro a mi alrededor y veo a nuestro pueblo más dividido que nunca, como no lo había estado desde la guerra civil. Hubo un cambio, perdimos nuestra fuerza moral e intelectual. Cayó una plaga sobre nuestros organismos reguladores, y la podredumbre que empezó en Washington se extiende a todos los rincones de Estados Unidos.

John F. Kennedy

Trump dividió a Estados Unidos, hoy México está dividido, se encuentra fragmentado. Increíble, dirán algunos, porque casi 25% de los ciudadanos votó la opción Morena, pero a unas semanas no cabe duda de que una gran parte se siente como Gran Bretaña con el Brexit o Estados Unidos con Trump, preguntándose: ¿hicimos bien? ¿Fue lo correcto? ¿O la equivocación fue mayor? Eso sólo el tiempo podrá determinarlo, seis años pueden ser un suspiro o una eternidad.

A muchos les molesta que se compare a Trump con López Obrador, a mí no me importa, siempre lo he pensado y en las escasas semanas ratifico mis temores: son idénticos, me lo confirma su reacción ante la multa del Instituto Nacional Electoral y sus advertencias a los medios de comunicación que le resultan adversos, la prensa fifí, dice.

López Obrador no ha sabido cuál es su lugar, aún no se entera de que será el próximo jefe del Estado mexicano, reacciona como militante, no se puede ser las dos cosas, el 1 de julio la mayoría de los votantes se había decantado por él.

¿Es una carta al portador? No, porque la democracia no es imposición sino consenso, máxime en una república con igualdad de poderes.

México está dividido, la fragmentación social está viva, la discordia de la campaña se escucha, se siente; ojalá que el tiempo la cure, pero si las promesas de cambio no se traducen en un mejor estado de vida para la mayoría, sobre todo para los más pobres, si no se combate la corrupción y no baja la inseguridad; los reproches se van a acrecentar.

López Obrador tendrá que aprender que a un jefe de Estado no lo custodia la gente sino una estrategia, que los gobiernos necesitan escuchar y vigilar sin invadir las libertades individuales, que la corrupción no la puede acabar un solo hombre y México no parece encontrarse en esta tesitura porque quien gane poco buscará la forma de emparejar sus ingresos.

Su pequeño círculo podrá hablar de sexenio sabático, pero la mayoría pensará en sexenio de hidalgo.

Más todavía, que la inseguridad es un mal más grave y grande de lo que ahora supone y que la pobreza no se resuelve con limosnas vestidas de subsidios sino a través de la generación de riqueza, y eso sólo se consigue creando empleos remuneradores, para lo cual a México le falta un buen trecho, porque antes tendrá que resolver problemas de educación, salud pública, deuda, pensiones, crecimiento; todo eso que sus antecesores se encontraron cuando llegaron y descubrieron que en un sexenio no se soluciona, apenas, si acaso y con muchas buenas acciones se avanza, pero difícilmente se abate, y más si las fórmulas de combate son mesiánicas o populistas.

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.