La mayoría de las economías a nivel mundial están realizando grandes esfuerzos en materia de política fiscal para afrontar la crisis económica actual, detonada por la pandemia. De acuerdo con cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), los paquetes fiscales que han implementado los gobiernos de las economías más desarrolladas representan un 16% de su PIB en promedio, mientras que las economías en desarrollo han aplicado estímulos fiscales por tan sólo un 4% de su PIB. Particularmente, Estados Unidos con su segundo paquete alcanzó una inyección de recursos por casi el 25% de su PIB, el Reino Unido por un 18% del PIB, Japón 16%, Canadá 15% y Alemania 12%. En contra parte, los países que menos recursos han utilizado se encuentran en Latinoamérica, en donde México se destaca por haber destinado sólo 1.8% del PIB.

La forma en la cual se está aplicando la política fiscal a nivel mundial, está empezando a preocupar a los analistas ya que los recursos se obtienen vía el endeudamiento público, y eventualmente alguien tendrá que pagar por ellos. Usualmente, la deuda pública se financia vía los impuestos una vez que la recesión económica ha pasado y el ciclo económico se encuentra en su fase de expansión. En consecuencia, es de esperarse que en esta ocasión los gobiernos a nivel mundial tengan el mismo plan de financiamiento. En pasadas crisis, el endeudamiento así se ha financiado a nivel mundial. Aumentos en los impuestos suelen estar acompañados por efectos distorsionadores principalmente en materia de inequidad y, por ende, en el mediano y largo plazo sobre la pobreza.

Dada la profundidad de la presente crisis, una política tributaria de este tipo puede tener aún mayores consecuencias. Por ello, el Fondo Monetario Internacional acaba de proponer la aplicación de un impuesto temporal a todas aquellas compañías que han generado grandes ganancias a pesar o por la pandemia, con le objetivo de evitar una exacerbación en la inequidad y más aún generar cohesión social; esto en palabras de Vitor Gaspar, Director de Asuntos Fiscales del FMI.

Es evidente que esta crisis económica ha generado una nueva clasificación de las empresas a nivel mundial: el sector que se desenvuelve en la economía digital y el sector de la economía tradicional. Claramente, hay muchos ejemplos de empresas que han sacado grandes ganancias por la pandemia, incluso me atrevo a decir que difícilmente existe una empresa que no haya obtenido beneficios, al interior de este primer sector. Un impuesto temporal aplicado a una parte de la economía jamás había sido considerado, no es una idea descabellada, todo lo contrario, en términos económicos me parece que podría ser una política eficiente. Sin embargo, no estoy muy seguro de si pudiera ser o no una política justa. Consideremos dos empresas: la primera afectada de manera negativa por su incapacidad (justificada o no) de adecuarse a la nueva forma de actuar del mercado debido a la pandemia, y la segunda que si pudo adaptarse a dicho cambio. ¿Por qué habría de realizar un esfuerzo adicional la segunda empresa en aras de rescatar a la primera? Especialmente si en condiciones normales y por libre competencia de mercado, la muerte de la segunda pasaría desapercibida. 

*Salvador Rivas Aceves es académico de la Facultad de Empresariales Universidad Panamericana.

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